Silbidos y preocupación en la Bombonera: Boca volvió a fallar y profundiza su crisis
Boca igualó 1-1 frente a Gimnasia de Mendoza en la Bombonera y acumuló su cuarto partido sin victorias en el Torneo Apertura 2026, una racha que empieza a generar preocupación puertas adentro y fastidio puertas afuera. El equipo dirigido por Claudio Úbeda apenas sumó tres puntos de los últimos 12 y la reacción del público fue contundente: silbidos generalizados al final del encuentro y una reprobación que esta vez no distinguió nombres propios.
El contexto tampoco ayuda. Boca atraviesa un momento bisagra, condicionado por errores propios y por un pasado reciente que no termina de cicatrizar. La Bombonera, históricamente un escenario intimidante para los rivales, se transformó en una olla a presión que juega su propio partido cuando las cosas no salen. Durante el empate ante el conjunto mendocino, el clima fue una montaña rusa emocional que reflejó exactamente la ciclotimia futbolística del equipo.
Un planteo ofensivo que no encontró respuestas
Úbeda apostó por un esquema más ofensivo, pero volvió a quedar en deuda en la generación de juego. El triunfo previo por Copa Argentina y el debut auspicioso de Adam Bareiro habían renovado el entusiasmo. Sin embargo, la decisión de sumar un hombre más en ataque no logró traducirse en situaciones claras porque el equipo careció otra vez de un enlace creativo que conectara con los tres delanteros.
Como en gran parte de este irregular 2026, el recurso más repetido fue el avance de Blanco por la izquierda y sus centros punzantes, ahora con la referencia aérea de Bareiro en el área. Pero si el juego aéreo era una apuesta ofensiva, la defensa mostró grietas en ese mismo rubro. En dos pelotas paradas consecutivas, Gimnasia golpeó y se puso en ventaja con un anticipo de Luciano Paredes, que ganó en el área ante la marca del propio Bareiro.

Del desconcierto a la ilusión y otra vez al golpe anímico
El gol visitante expuso lo peor del Xeneize. La impotencia y los nervios empujaron a Boca a un terreno de apuro e imprecisión, mientras Gimnasia se aferró al orden y a la experiencia para sostener la ventaja. El equipo mendocino resistió con oficio y supo jugar con la ansiedad del local, que se mostró atado y sin claridad en los metros finales.
Cuando el panorama era más oscuro, apareció una acción que le devolvió la esperanza a Boca. Centro de Blanco, Bareiro bajó la pelota y Miguel Merentiel definió de primera para el 1-1. El uruguayo, incluso en una noche irregular, volvió a demostrar su jerarquía y vigencia, sosteniendo al equipo en un momento crítico. La Bombonera pasó de la impaciencia al aliento en cuestión de minutos.
Sin embargo, el impulso anímico se diluyó rápidamente. El gol anulado a Bareiro, que hubiese significado el segundo tanto justo antes del descanso, fue un mazazo psicológico. Más allá de la discusión arbitral, el equipo no logró reponerse del impacto. El envión favorable que parecía encaminar la remontada nunca terminó de consolidarse.
Cambios, intentos y una advertencia clara
En el complemento, los ingresos buscaron revitalizar a Boca. Leandro Paredes aportó orden en la salida y el juvenil Aranda contagió frescura y atrevimiento, generando varias aproximaciones que levantaron a la tribuna. La actitud fue distinta, pero la eficacia volvió a ser el gran déficit. Aranda tuvo tres oportunidades claras y no logró concretar ninguna.
El cierre mostró a un Boca empujando con más voluntad que ideas, mientras Gimnasia se refugiaba decidido a defender el punto. Cada centro despejado y cada rebote ganado por la visita aumentaban la tensión en las tribunas. El empate terminó sellado con un clima espeso y una Bombonera que ya no disimula su impaciencia.

La estadística es tan clara como preocupante: tres puntos de nueve en juego como local en las últimas presentaciones, una cifra que en un club de la exigencia de Boca no pasa inadvertida. El año es largo y aún hay margen de recuperación, pero el equipo necesita respuestas inmediatas.
