Por la vía aérea y con sufrimiento, Boca arrancó el 2026 con un triunfo clave ante Riestra
Boca debutó en el Torneo Apertura 2026 con una victoria tan ajustada como necesaria. Fue 1-0 frente a Deportivo Riestra, un rival incómodo, áspero y fiel a su libreto, que obligó al Xeneize a transpirar más de la cuenta para quedarse con los tres puntos en la Bombonera. El gol llegó por la vía menos pensada en cuanto a nombres, pero por la más ensayada en cuanto a recursos: un cabezazo de Lautaro Di Lollo tras un centro quirúrgico de Leandro Paredes.
El resultado fue justo, aunque dejó sensaciones encontradas. Boca dominó gran parte del encuentro, manejó la pelota y jugó en campo rival, pero volvió a evidenciar un problema que arrastra desde hace tiempo: la dificultad para transformar ese dominio en situaciones claras y, sobre todo, en goles.
Un dominio que no siempre se traduce en ideas
Desde el arranque, Boca asumió el protagonismo que se esperaba en La Bombonera. Con Paredes y Ander Herrera como eje del mediocampo, el equipo intentó hacerse dueño de la pelota y marcar el ritmo del partido. Riestra, previsible y ordenado, se replegó con decisión, apostando a cerrar espacios y cortar el juego cada vez que fue necesario.
El plan visitante fue claro: doblar la marca sobre Exequiel Zeballos y reducir al mínimo los espacios para que Paredes y Herrera pudieran filtrar pases. Aun así, el doble cinco xeneize se las arregló para sostener la conducción, aunque con escasa profundidad. Alan Velasco, llamado a ser el nexo ofensivo, volvió a mostrar un nivel bajo y no logró romper líneas.

Zeballos, Blanco y la insistencia por las bandas
El jugador más desequilibrante de Boca fue nuevamente Zeballos. Encarador, vertical y decidido, el Chango se mostró como la principal vía de ataque, especialmente por el sector izquierdo, donde se asoció con Lautaro Blanco. Sin embargo, esa sociedad no encontró conexión con el delantero de turno, Lucas Janson, que volvió a quedar en deuda.
Las chances más claras del primer tiempo llegaron desde arriba. Un buen centro de Barinaga encontró a Belmonte entrando por sorpresa y obligó a una atajada espectacular de Ignacio Arce, figura de Riestra. Ese aviso marcó un patrón que se repetiría: la pelota parada como principal arma ofensiva.
La pelota parada como plan y salvación
Boca entendió rápidamente que los centros podían ser la llave. Cada córner fue trabajado como una oportunidad concreta, con Paredes como ejecutor principal. En uno de ellos, Di Lollo apareció solo para cabecear con potencia, aunque otra vez Arce respondió con seguridad. Minutos después, un centro de Blanco casi termina en gol tras pegar en el ángulo.
Ese tramo del partido pareció anunciar el gol, pero también dejó en evidencia una realidad conocida: Boca genera, pero no concreta, y el tiempo empieza a jugar en contra. La ansiedad creció y las dudas también, especialmente por la falta de peso ofensivo.

El gol menos pensado y un debut que deja preguntas
El desahogo llegó a menos de quince minutos del final. Un tiro libre lateral ejecutado por Paredes encontró la cabeza de Di Lollo, que esta vez no perdonó y marcó el único gol del partido. Paradójicamente, fue un defensor quien resolvió un problema que el puesto de centrodelantero no logró cubrir.
La victoria dejó interrogantes tácticos y de nombres. Belmonte fue el volante que más pisó el área rival, mientras que el esquema pareció tener exceso de hombres defensivos ante un rival que nunca atacó. Aun así, Boca ganó, rompió una racha negativa ante Riestra y dio el primer paso en el torneo. Vale, y mucho. Pero el sabor es a poco porque Boca puede más. Y debe más.
