Agricultura 2026: récord de exportaciones y precios para el trigo, la soja y el girasol
La campaña 2025/26 de la agricultura arrancó con señales contundentes para el complejo agroexportador argentino. El trigo volvió a posicionarse como uno de los granos más competitivos del mercado internacional y protagonizó un primer bimestre récord en embarques, mientras que la industria aceitera cerró 2025 con una producción histórica y comenzó 2026 con precios en niveles máximos de varios años. En conjunto, los datos confirman un escenario de fuerte dinamismo comercial y precios que refuerzan el protagonismo del agro argentino en los mercados globales, según el Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR).
La agricultura comenzó un 2026 prometedor
En el caso del trigo, el desempeño exportador de los primeros meses de la campaña no tiene precedentes recientes. A poco más de un mes del inicio formal del ciclo 2025/26, los mercados externos ya toman un rol central en el análisis comercial. Según datos del INDEC, las exportaciones de trigo en diciembre totalizaron 2,9 millones de toneladas, más del doble de lo embarcado en igual mes de la campaña anterior y muy por encima del promedio de los últimos cinco diciembres.

Lejos de moderarse, el ritmo exportador de la agricultura se aceleró en enero. De acuerdo con información de NABSA, se proyectan embarques por 3,5 millones de toneladas durante el primer mes del año, lo que convertiría a enero de 2026 en el segundo mejor registro del siglo, solo por detrás del pico alcanzado en enero de 2020, cuando se despacharon 3,8 millones de toneladas. Además, el volumen previsto supera en un 70% el promedio de despachos de enero de la última década.

Con estos números, el primer bimestre de la campaña 2025/26 de la agricultura se encamina a liderar el podio histórico, con un total estimado de 6,4 millones de toneladas exportadas. La combinación de una cosecha récord y una competitividad sobresaliente del trigo argentino en el mercado FOB permitió incluso superar la marca de la campaña 2019/20, hasta ahora la referencia más alta.
Este ritmo implica que, en apenas dos meses, ya se habría exportado cerca del 23% del volumen proyectado para toda la campaña, el avance más elevado desde 2019/20 y apenas por encima del observado en 2021/22. En términos prácticos, casi una cuarta parte del trigo disponible ya encontró destino en el exterior.
Uno de los rasgos distintivos de esta campaña es la fuerte diversificación de destinos. En el primer bimestre, Argentina abasteció a 25 países, con una creciente participación de mercados asiáticos. Vietnam lideró las compras con 1,26 millones de toneladas (20% del total), seguido por Bangladesh con 1,17 millones (18%) e Indonesia con 942.000 toneladas (15%). Estos tres países adquirieron más trigo argentino que Brasil, históricamente el principal socio comercial en esta etapa del ciclo, que quedó relegado al cuarto lugar con 676.000 toneladas (11%).
En paralelo al gran momento del trigo, la industria aceitera cerró 2025 con cifras récord. La producción combinada de aceite de soja y aceite de girasol alcanzó las 10,5 millones de toneladas, el mayor volumen histórico. Durante el año se procesaron 42,6 millones de toneladas de soja y 4,6 millones de toneladas de girasol, lo que permitió producir 8,4 millones de toneladas de aceite de soja y 2,1 millones de toneladas de aceite de girasol.

Este desempeño productivo de la agricultura se combinó con una mejora sostenida en los precios internacionales. El aceite de girasol FOB superó los 1.300 dólares por tonelada, alcanzando su valor más alto desde diciembre de 2022, mientras que el aceite de soja trepó a 1.147 dólares por tonelada, el nivel más elevado en catorce meses. Desde marzo de 2024, las cotizaciones de los aceites vegetales vienen mostrando una tendencia alcista, que se aceleró con fuerza en las últimas semanas.
Detrás de esta dinámica confluyen varios factores para la agricultura. Por un lado, la demanda estructural tanto para consumo alimenticio como para uso industrial, especialmente en biocombustibles. En este segmento, el mercado reaccionó positivamente a señales provenientes de Estados Unidos, donde la Agencia de Protección Ambiental (EPA) anticipó una propuesta final de mezcla de biodiesel que garantizaría un mayor volumen de consumo. Esta expectativa impulsó los precios del aceite de soja en Chicago, que subieron más de 4% en una sola rueda.

A esto se sumaron novedades en el frente geopolítico. La reapertura parcial del comercio de canola entre Canadá y China, tras meses de tensiones arancelarias, reordenó el mercado global de aceites. El primer embarque de 60.000 toneladas hacia el gigante asiático funcionó como un factor de sostén para los precios, al aliviar la sobreoferta en otros mercados.
En el caso del aceite de girasol, el contexto es aún más ajustado. La oferta global sigue limitada por la caída productiva en Ucrania, donde la campaña 2025/26 de la agricultura se perfila como la más baja en once años. Ni Rusia ni Argentina logran compensar completamente ese faltante, y el grupo de los tres principales exportadores volvería a contar con menores suministros que en la campaña anterior.
Este escenario internacional ya impacta en el mercado interno de la agricultura. Con precios FOB en máximos, el poder de compra de la industria se trasladó a las cotizaciones locales. En girasol, las ofertas por mercadería disponible llegaron a superar los 370 dólares por tonelada, unos 40 dólares más que un mes atrás, incluso en pleno ingreso de la cosecha.

Todo ocurre, además, en un contexto de expectativas productivas favorables para la agricultura. Según la Secretaría de Agricultura, la superficie sembrada con girasol alcanzaría los 3 millones de hectáreas, la mayor desde la campaña 1999/2000. No sorprende, entonces, que la comercialización ya sume 1,9 millones de toneladas, el mayor volumen desde 2008 y uno de los ritmos más altos de las últimas décadas.
Así, entre un trigo que lidera las exportaciones globales y aceites vegetales que ingresan en un nuevo ciclo de precios altos, el agro argentino vuelve a mostrar su capacidad de generar divisas, volumen y competitividad en un escenario internacional exigente.
