Verano 2025 y ganadería: las claves de Senasa para el bienestar animal
El verano avanza y, con él, se instalan jornadas de altas temperaturas que ponen a prueba a los sistemas de ganadería. Días largos, noches que no siempre refrescan y animales sometidos a una mayor exigencia fisiológica obligan a redoblar la atención en los establecimientos pecuarios. En este contexto, el manejo adecuado frente al calor deja de ser una recomendación y pasa a ser una condición clave para sostener el bienestar animal y la productividad.
Cómo evitar el estrés calórico de la ganadería en este verano
Cuando la temperatura ambiente supera la zona de confort, el organismo del animal activa mecanismos para disipar el exceso de calor. Sin embargo, si esa capacidad se ve desbordada, aparece el estrés calórico, una situación que compromete el equilibrio corporal y genera impactos directos sobre la producción de carne y leche. Frente a este escenario, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) recuerda la importancia de anticiparse y reforzar las prácticas de manejo para minimizar riesgos.
El estrés calórico se produce cuando el animal no logra eliminar el calor que genera su propio metabolismo ni el que recibe del ambiente. La combinación de altas temperaturas, elevada radiación solar, humedad y escasa circulación de aire agrava este fenómeno, especialmente en bovinos, que cuentan con mecanismos de transpiración menos eficientes que otras especies.

Las primeras señales suelen manifestarse en el comportamiento. La reducción de la actividad, el menor consumo de alimento, la respiración acelerada, el jadeo persistente, el aumento de la salivación y la búsqueda constante de sombra funcionan como alertas tempranas. Detectarlas a tiempo permite actuar antes de que el impacto sea mayor.
Las consecuencias del estrés calórico no se limitan al bienestar animal. También se traducen en una menor eficiencia en la conversión alimenticia, pérdida de peso y de condición corporal, deterioro de los índices reproductivos y mayor susceptibilidad a enfermedades. En situaciones extremas, incluso, puede aumentar el riesgo de mortandad. En los rodeos lecheros, el efecto se potencia: caen los litros producidos y se deteriora la calidad de la leche, con bajas en los niveles de grasa y proteína.
Entre las medidas más eficaces para mitigar el impacto del calor, la provisión de sombra ocupa un lugar central. La sombra natural, generada por árboles, no solo reduce la radiación solar directa, sino que también refresca el ambiente a través de la evaporación. Cuando se recurre a sombra artificial, es fundamental que esté bien diseñada, permita la circulación de aire y ofrezca una superficie suficiente para evitar el hacinamiento. Las recomendaciones técnicas sugieren entre 2 y 4 metros cuadrados por animal.

El agua es otro pilar del manejo estival. Un bovino adulto puede consumir diariamente alrededor del 7% de su peso vivo en agua, por lo que resulta indispensable asegurar disponibilidad permanente, con bebederos limpios, buen caudal y fácil acceso. La calidad del agua también es clave: olores, sabores indeseables o excesiva salinidad pueden reducir el consumo justo cuando más se necesita.
El manejo diario adquiere una importancia estratégica durante el verano. Reducir al mínimo las prácticas que generan estrés, como arreos prolongados o trabajos intensivos en manga, ayuda a disminuir la carga térmica. Siempre que sea posible, estas tareas deben realizarse en las primeras horas de la mañana o al final de la tarde, cuando las temperaturas son más benignas.

En los sistemas de engorde a corral, el ajuste de la alimentación es una herramienta adicional. Distribuir una mayor proporción de la ración por la tarde, cuando el calor comienza a ceder, y aumentar el contenido de fibra contribuye a reducir el riesgo de trastornos metabólicos. En jornadas de calor extremo, refrescar a la hacienda en horarios adecuados y humedecer el suelo de los corrales —sin generar barro— puede ayudar a aliviar el estrés térmico.
El mensaje es claro: el calor no se puede evitar, pero sí se puede gestionar. Anticiparse, observar a los animales y aplicar prácticas simples pero efectivas permite atravesar el verano con menor impacto productivo y sanitario. En un contexto de márgenes ajustados, cuidar al ganado frente al estrés calórico no solo es una cuestión de bienestar, sino también una decisión económica inteligente.
