INTA apuesta a la innovación en mandioca para potenciar el consumo y la industria
La mandioca vuelve a ocupar un lugar central en la agenda productiva del noreste argentino. A través de un programa de mejoramiento genético, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) trabaja en el desarrollo de nuevos cultivares adaptados a condiciones locales, con el objetivo de fortalecer tanto el consumo en fresco como el uso industrial de este cultivo estratégico.
Con una larga tradición en las regiones tropicales y subtropicales, la mandioca se destaca por su alto contenido energético, rusticidad y versatilidad productiva. En los últimos años, además de su valor alimentario, ganó relevancia como insumo clave para la industria del almidón y la elaboración de bioinsumos, ampliando su impacto económico y social en provincias como Misiones.
Programa de mejoramiento con foco productivo
Actualmente, el equipo del INTA evalúa 20 cultivares de mandioca, divididos en dos grandes grupos: 10 orientados al consumo fresco y 10 destinados a la industria. El trabajo se enmarca en un programa de mejoramiento genético que busca ampliar la oferta disponible para los productores, incorporando materiales con mejores rendimientos y calidad diferenciada.
Según explicó Martín Domínguez, investigador del INTA Misiones, el objetivo central es generar opciones concretas para el sector productivo. “La idea es ofrecer al productor un abanico de nuevas variedades, y que sean ellos —junto con el consumidor— quienes definan cuáles se adaptan mejor a sus gustos y necesidades productivas”, señaló. Esta estrategia apunta a diversificar la genética disponible y reducir la dependencia de pocos materiales tradicionales.

Calidad culinaria y rendimiento, ejes del consumo fresco
En el caso de las variedades destinadas al consumo en fresco, el trabajo no se limita al rendimiento agronómico. El equipo del INTA incorpora catas sensoriales para evaluar atributos como sabor, textura y calidad culinaria, aspectos decisivos para la aceptación en el mercado.
“Queremos garantizar que el productor tenga acceso a materiales que no solo rindan bien, sino que también sean apreciados por su sabor y textura”, subrayó Domínguez. Esta mirada integral busca alinear las demandas del productor con las preferencias del consumidor, fortaleciendo los circuitos locales de comercialización y agregando valor al cultivo.
La industria del almidón, un motor de innovación
Para las variedades de mandioca industriales, el foco está puesto en el contenido y el rendimiento de almidón, un factor clave para la competitividad de la cadena. De los diez cultivares en evaluación, varios presentan entre 2 y 4 puntos porcentuales más de almidón que las variedades actualmente disponibles en el mercado.

Sin embargo, desde el INTA aclaran que el desafío no termina ahí. “No alcanza con tener más almidón: también necesitamos comprobar si ese porcentaje va acompañado de un buen rendimiento total por hectárea”, explicó el investigador. Por ese motivo, el programa se encuentra en una segunda etapa de evaluación, destinada a medir la productividad real y la estabilidad de los materiales en diferentes campañas.
Genética y ambiente: la clave en Misiones
Otro aspecto central del trabajo es la evaluación de los cultivares de mandioca en distintos tipos de suelo y ambientes. Misiones presenta una notable diversidad de suelos y microclimas, lo que obliga a analizar cuidadosamente la relación entre genotipo y ambiente para asegurar buenos resultados productivos.
En ese sentido, el equipo del INTA prevé expandir las pruebas a diferentes cuencas productivas de la provincia, con el objetivo de identificar qué variedades de mandioca se adaptan mejor a cada zona. Esta información será clave para que los productores puedan tomar decisiones más precisas al momento de implantar el cultivo.

Un horizonte de mediano plazo para los productores
Si las evaluaciones continúan arrojando resultados positivos, las nuevas variedades de mandioca podrían estar disponibles para los productores hacia 2028, una vez finalizada la etapa de validación prevista para el ciclo 2026-2027. El proceso, remarcan desde el INTA, requiere tiempo para asegurar materiales confiables y estables.
En paralelo, el equipo trabaja en la reintroducción de materiales del banco de germoplasma de INTA Castelar y en la posible incorporación de nuevos cultivares del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), de Colombia, a través de convenios de cooperación.
“El rol del INTA es generar conocimiento y brindar soluciones concretas al productor, adaptándose a sus demandas”, concluyó Domínguez. La apuesta es clara: ampliar la oferta genética de mandioca, fortalecer una cadena con enorme potencial y contribuir al desarrollo local a partir de un cultivo histórico que sigue renovándose.
