Trigo 2026: claves para elegir variedades y potenciar los resultados de la próxima campaña


Con la mirada puesta en el nuevo ciclo del trigo, la elección de los cultivares vuelve a ubicarse en el centro de la planificación agrícola. Especialistas del INTA Marcos Juárez remarcan que seleccionar adecuadamente la genética es una de las decisiones más determinantes para maximizar el rendimiento y mejorar la eficiencia del sistema productivo.

Según explicó Dionisio Gómez, responsable de la red nacional de ensayos de trigo, el productor debe considerar una serie de variables antes de definir la variedad a implantar. El potencial de rendimiento, el perfil sanitario, la calidad comercial y los aspectos agronómicos son factores decisivos que deben evaluarse en función del ambiente de producción. No existe una única receta: cada lote exige un análisis particular.

Ambiente y agua: el diagnóstico que define la estrategia

Uno de los ejes centrales en esta etapa es el diagnóstico del ambiente, especialmente el contenido hídrico del suelo al momento de la siembra. En regiones como Marcos Juárez, el cultivo depende en gran medida del agua almacenada en el perfil para proyectar el éxito de la campaña. La disponibilidad hídrica condiciona tanto el rendimiento potencial como la estrategia de fertilización.

Gómez subrayó que estimar correctamente el agua disponible permite ajustar la inversión tecnológica. En ambientes de alto potencial, donde el recurso hídrico no suele ser limitante, puede priorizarse el rendimiento como principal objetivo. En cambio, en zonas marginales o con restricciones, la lógica cambia: es necesario apuntar a un trigo más económico y eficiente, reduciendo costos sin resignar estabilidad productiva.

Trigo, INTA
Foto: INTA

En estos casos, los materiales con mayor altura y biomasa pueden ofrecer ventajas. “Buscamos reducir el número de aplicaciones fúngicas y lograr una buena cobertura eligiendo materiales más altos”, detalló el especialista, quien enfatizó que la elección varietal debe contemplar la realidad climática y productiva de cada establecimiento.

Fertilización ajustada al potencial del lote

La fertilización es otro punto clave en la planificación del trigo. Desde el INTA sostienen que la estrategia debe estar íntimamente ligada a la disponibilidad de agua y al rendimiento estimado. Una correcta nutrición del cultivo no solo mejora la productividad, sino también la eficiencia en el uso de los recursos.

En condiciones normales de humedad, la recomendación es aplicar la mayor parte de la fertilización antes de la siembra. De esta manera, se asegura que el cultivo disponga de los nutrientes necesarios desde sus primeras etapas de desarrollo. Las aplicaciones al voleo o foliares pueden utilizarse luego como herramientas de ajuste ante situaciones excepcionales.

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En años donde las lluvias superan los valores habituales, la refertilización se presenta como una alternativa estratégica para acompañar el mayor potencial productivo. “En aquellos casos donde las precipitaciones son más abundantes de lo normal, se recomienda realizar una refertilización”, indicó Gómez. El manejo dinámico y flexible es clave para capitalizar las oportunidades que brinda el clima.

Calidad, mercado y sustentabilidad del sistema

Más allá del rendimiento, la calidad del grano también puede convertirse en una herramienta para mejorar la rentabilidad. En ambientes con limitaciones productivas, optar por variedades de mejor calidad comercial permite acceder a mejores precios y compensar la menor productividad. La elección genética puede ser, en estos casos, una estrategia comercial además de agronómica.

Actualmente, el mercado ofrece más de 70 variedades de trigo, lo que amplía el abanico de posibilidades. En sistemas bajo riego suelen preferirse materiales de menor estatura, mientras que en ambientes restrictivos se priorizan trigos con mejor calidad panadera y mayor estabilidad. La clave, coinciden los especialistas, es adaptar la genética a la realidad del lote.

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Por último, desde el INTA destacan el rol del trigo como mejorador del suelo. Su sistema radicular y la biomasa de lenta degradación lo convierten en un cultivo estratégico dentro de las rotaciones. Incorporar trigo contribuye a mejorar la cobertura, aumentar la materia orgánica y favorecer la estructura del suelo, fortaleciendo la sustentabilidad del sistema productivo a largo plazo.