Tractores chinos en la Argentina: la industria alerta por la brecha entre importaciones y patentamientos
El creciente ingreso de tractores de origen asiático en el mercado argentino generó preocupación en el sector de maquinaria agrícola. Fabricantes locales advierten por una posible falta de transparencia en los registros de patentamiento, mientras que importadores aseguran que la situación responde a prácticas habituales del negocio y a demoras administrativas.
La inquietud surge por la diferencia entre la cantidad de equipos que ingresan al país y los que finalmente aparecen en las estadísticas oficiales, un dato clave para dimensionar el mercado y planificar la producción.
Desde la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores (AFAT), su director ejecutivo, Leandro Brito Peret, advirtió sobre el problema. “Seguimos preocupados por la informalidad en la comercialización de maquinaria procedente de China. Trabajar en un mercado poco transparente dificulta mucho la planificación del sector”, señaló a LA NACIÓN.

La brecha entre equipos ingresados y patentados
El debate se centra en los números del mercado. Según el anuario 2025 de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara), habrían ingresado al país cerca de 4000 tractores de origen asiático en el último año.
Sin embargo, el registro de patentamientos muestra una cifra mucho menor. Desde AFAT estiman que, si el 75% de esos equipos se hubiera vendido —unos 3000 tractores—, solo se habrían patentado 476 unidades, una diferencia que para la entidad refleja un mercado con información incompleta.
Para los fabricantes nacionales, contar con estadísticas confiables es fundamental para organizar la producción. Las proyecciones de ventas permiten definir niveles de fabricación, compras de insumos, contratación de personal y manejo de inventarios.
Además, la falta de datos claros también impacta en las decisiones de inversión. “Con información parcial del mercado, muchas veces las inversiones se postergan o se toman con un alto nivel de incertidumbre”, señalaron desde el sector.

Alertas sobre normas y estándares
La preocupación no se limita a la cuestión estadística. Desde la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma) también advirtieron que la informalidad puede implicar la ausencia de controles sobre estándares técnicos, seguridad y calidad.
Según indicaron, otros mercados cuentan con regulaciones más estrictas. En regiones como la Unión Europea, por ejemplo, la comercialización de maquinaria autopropulsada está sujeta a normas técnicas específicas, algo que en Argentina aún presenta vacíos regulatorios.
La explicación de los importadores
Desde el sector importador, sin embargo, la interpretación del fenómeno es diferente. Para algunos empresarios, la brecha entre importaciones y patentamientos responde principalmente a características propias del mercado de maquinaria agrícola.
Leandro Castellani, CEO de la empresa Ombú —que también importa tractores Traxor desde China— explicó que el patentamiento no siempre es obligatorio cuando los equipos se utilizan dentro de un establecimiento rural. Además, indicó que los tractores de menor potencia suelen quedar fuera de los registros, ya que históricamente solo se patentan los equipos de mayor tamaño o aquellos que requieren financiamiento bancario.
Cuando los productores adquieren maquinaria mediante créditos —por ejemplo, a través del Banco de la Nación Argentina— el patentamiento se vuelve necesario para constituir una prenda sobre el bien. En ese sentido, Castellani consideró que la creciente bancarización del sector tenderá a ordenar el sistema, ya que el acceso al crédito exige formalizar los equipos adquiridos.

Un mercado en plena transformación
El crecimiento de las importaciones también abrió nuevas oportunidades comerciales. Según el empresario, existe un segmento de pequeños productores que antes no tenía acceso a maquinaria nueva, y que ahora puede comprar tractores a menor costo en lugar de optar por equipos usados.
En este contexto, el mercado argentino de tractores parece entrar en una etapa de mayor competencia internacional, con visiones contrapuestas dentro del sector.
Mientras los fabricantes locales reclaman mayor transparencia en los registros y reglas claras, los importadores sostienen que el mercado tenderá a ordenarse con el tiempo. En cualquier caso, el avance de nuevos jugadores y la apertura comercial marcan un proceso de cambio que obligará a la industria a adaptarse a un escenario cada vez más competitivo.
