Suelos del NOA en riesgo: la desnutrición de boro y zinc amenaza maíz y soja


Un reciente estudio de la Chacra Aapresid La Paloma, ubicada en Santiago del Estero, puso sobre la mesa una problemática que podría estar limitando los rendimientos de cultivos estratégicos como maíz y soja en el norte argentino: los bajos niveles de boro (B) y zinc (Zn) en los suelos. Los especialistas advierten que, más allá de la fertilización tradicional, estos micronutrientes pueden convertirse en factores críticos para alcanzar el potencial productivo de los cultivos.

Para la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la situación refleja que la fertilización en la región todavía tiene mucho de “caja negra”. “Esto significa que muchos nutrientes clave, como el fósforo, y mucho menos los micronutrientes, no se analizan con regularidad. Las decisiones se basan en esquemas históricos, sin considerar la variabilidad entre lotes ni entre campañas”, explican desde la organización.

La importancia de los micronutrientes

La falta de información local sobre nutrientes fundamentales genera que las deficiencias pasen desapercibidas, limitando silenciosamente el potencial productivo. Esto se agrava en suelos donde pH, materia orgánica y la historia agrícola condicionan la disponibilidad real de nutrientes. Según el estudio de Aapresid, la toma de 224 muestras de suelo permitió analizar variables como pH, textura, materia orgánica y nutrientes, arrojando resultados preocupantes en lo que respecta a boro y zinc.

En el caso del boro, el 25% de los puntos analizados presentaron valores iguales o menores al umbral mínimo de respuesta (0,5 ppm), con mínimos de 0,4 ppm. La situación del zinc es aún más crítica: el 95% de los puntos relevados mostró valores por debajo del umbral de respuesta (1 a 1,1 ppm), con mínimos de apenas 0,2 ppm. “Este panorama indica respuestas contundentes al agregado de estos micronutrientes”, señalaron desde Aapresid.

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Estrategias de corrección: la nutrición foliar

Para hacer frente a estas deficiencias en los suelos, los investigadores probaron durante 2025 aplicaciones foliares de boro y zinc. Los resultados fueron prometedores en algunos casos. Por ejemplo, en maíz, la aplicación de boro durante la floración permitió incrementos de hasta 300 kg/ha, equivalentes a un 12% más de rinde.

“Suponemos que el boro actuó mejorando la eficiencia en el uso de las precipitaciones posteriores a su aplicación, en un cultivo que tuvo poco desarrollo radicular por la falta de agua inicial. Esto nos anima a seguir evaluando la nutrición foliar como estrategia para suplir carencias en cultivos con crecimiento limitado”, explicaron los técnicos de la Chacra.

Otro factor crítico es el momento y las condiciones ambientales al momento de la aplicación. Los especialistas destacaron que las respuestas más positivas se dieron cuando la aplicación coincidió con condiciones de temperatura y humedad óptimas, permitiendo una correcta absorción y movilidad del micronutriente dentro de la planta.

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Micronutrientes: no son ajustes de lujo

El estudio refuerza la idea de que los micronutrientes no deben considerarse “finos ajustes de lujo”, sino herramientas esenciales para mejorar los techos productivos, sobre todo en sistemas donde los suelos presentan limitaciones nutricionales crónicas.

Además, los técnicos señalaron que el fósforo, aunque no suele considerarse limitante en la región, también requiere seguimiento. Los ensayos revelaron que existe una proporción de lotes donde la reposición de fósforo podría mejorar rendimientos y evitar caídas de productividad a largo plazo, manteniendo a los suelos dentro de la llamada “zona de confort” para este nutriente.

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Hacia una fertilización basada en evidencia

El trabajo de la Chacra Aapresid La Paloma, en colaboración con especialistas de CONICET e INTA, apunta a consolidar producción sustentable y ajustada a la realidad de cada lote.

La combinación de análisis de suelos, seguimiento de micronutrientes y estrategias como la nutrición foliar puede ser clave para que los productores del norte argentino logren mayores rendimientos y eficiencia en el uso de fertilizantes, transformando un problema silencioso en oportunidades concretas de mejora productiva.