La soja mejora su poder de compra y necesita 311 toneladas menos para adquirir una cosechadora


El poder de compra de la soja mostró una recuperación significativa frente a 2024, especialmente en la adquisición de bienes de capital como maquinaria agrícola y vehículos. Esta evolución fue presentada en un informe anual elaborado por CONINAGRO y Data Miazzo, que analiza cómo evolucionan los precios relativos del agro en relación con los costos.

El informe tiene como objetivo monitorear la evolución de las relaciones entre precios y costos, permitiendo identificar los cambios que afectan la rentabilidad del productor. Según el documento, la soja logró mejorar su capacidad de compra en diversos rubros, aunque algunos sectores continúan mostrando dificultades, especialmente en insumos clave para el manejo del cultivo.

Fitosanitarios y tierra agrícola

En octubre de 2025 se registró una mejora respecto de la campaña anterior, aunque el balance permanece por debajo del promedio de los últimos cinco años. Uno de los avances más notorios se vio en los fitosanitarios, donde el poder de compra creció un 13%, y en tierra agrícola: para adquirir una hectárea en zona maicera se necesitaron 57 toneladas de soja, un 1% menos que en el ciclo previo.

Esta recuperación parcial permitió que los productores compensaran parte de las subas en otros costos, aunque la comparación histórica demuestra que la soja aún no logró volver a su rendimiento relativo característico, especialmente frente a las inversiones de alto costo.

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Maquinaria agrícola: el rubro de mayor recuperación

La mayor sorpresa del informe fue la mejora en la capacidad de compra de maquinaria agrícola, un sector decisivo para la competitividad y la modernización del campo. Según el análisis, los productores necesitaron 311 toneladas menos de soja para comprar una cosechadora que en 2024, lo que representa una mejora del 20% en el poder de compra.

Este salto marca un contraste importante respecto del contexto de años previos, en los que la maquinaria se había vuelto cada vez más difícil de adquirir debido a la inflación en dólares, los costos de importación y la falta de disponibilidad de unidades. En 2025, la relación soja–maquinaria mostró una recomposición que alivió parcialmente la presión sobre las inversiones productivas.

Sin embargo, al comparar con el promedio de los últimos cinco años, el panorama continúa siendo complejo. El informe reveló que un tractor equivale hoy a 480 toneladas de soja, un valor 34% superior al promedio quinquenal, lo que supone unas 122 toneladas adicionales respecto de la referencia histórica.

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Cosechadoras y sembradoras también siguen mostrando un deterioro frente al promedio de largo plazo, con una pérdida estimada del 20% del poder de compra en comparación con las últimas cinco campañas. Esto refleja que, pese a la mejora puntual frente a 2024, la soja aún no recupera su fortaleza histórica frente a las inversiones de capital.

Insumos y costos operativos: luces y sombras

Los insumos agrícolas mostraron variaciones importantes en el poder de compra, con mejoras marcadas en algunos rubros y retrocesos en otros. Para adquirir un litro de glifosato, por ejemplo, fueron necesarios 14 kilos de soja, lo que representa una mejora del 29% respecto del año pasado.

En contraste, la relación con los fertilizantes se deterioró, ya que se necesitaron 2,8 kilos de soja por cada kilo de DAP, cifra que implica una caída del 9% en el poder de compra frente a uno de los insumos más críticos para la nutrición del cultivo.

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Los costos operativos también registraron incrementos en su equivalencia con soja, especialmente el salario mensual de un trabajador rural, que demandó una mayor cantidad de kilos. A su vez, el flete de 300 kilómetros por tonelada requirió 103 kilos de soja, lo que representa una pérdida del 14% frente al promedio de los últimos cinco años.

Balance mixto para el productor

En conclusión, el poder de compra de la soja ofrece un panorama dual, con avances claros frente a 2024 pero con retrocesos cuando la referencia es el promedio de los últimos cinco años. La mejora en maquinaria y algunos insumos convive con desafíos persistentes en costos operativos, fertilizantes y logística, lo que configura un escenario todavía frágil para la sostenibilidad del sector.

Para los productores, el reto será mantener la competitividad en un contexto de precios internacionales cambiantes y costos internos elevados, en un año donde la soja recuperó parte de su capacidad de compra, pero aún enfrenta una larga lista de desafíos estructurales.