Soja en vilo: China enfría compras y Sudamérica gana protagonismo en el arranque de 2026
El cierre de 2025 dejó una señal moderadamente positiva para la soja en el mercado de Chicago, con una suba interanual del 3,2%, pero lejos de despejar el clima de incertidumbre que domina al complejo. El inicio de 2026 encuentra a la oleaginosa atravesada por dudas comerciales de gran magnitud, con China nuevamente en el centro de la escena y con un acuerdo con Estados Unidos que avanza mucho más lento de lo que se había anunciado.
La distensión política entre Beijing y Washington hacia el final del año generó expectativas alcistas, pero el ritmo efectivo de compras no acompañó el discurso diplomático. El mercado esperaba señales concretas que sostuvieran los precios, pero el balance anual terminó reflejando una brecha significativa entre los compromisos asumidos y los negocios efectivamente cerrados.
Promesas millonarias que no se cumplieron
El antecedente más relevante fue una reunión bilateral realizada en Corea del Sur, donde China se comprometió a adquirir 12 millones de toneladas de soja antes de diciembre y luego 25 millones de toneladas anuales durante tres años. Ese entendimiento fue interpretado como un punto de inflexión para el mercado, con impacto inmediato en las cotizaciones.
Sin embargo, el cierre de 2025 mostró otra realidad: solo se pactaron 4,4 millones de toneladas de soja, muy por debajo de lo prometido. Esta diferencia volvió a sembrar dudas sobre la solidez del acuerdo y reforzó la percepción de que China mantiene una estrategia de compras flexible, priorizando precios y oportunidades antes que compromisos políticos de largo plazo.

Brasil gana terreno por precio y volumen
Mientras el acuerdo con Estados Unidos se diluía, Sudamérica comenzó a ganar protagonismo, con Brasil a la cabeza. Para embarques de enero, la soja brasileña llegó a ofrecerse hasta 10 dólares por tonelada más barata que la estadounidense, una brecha que se amplió a 30 dólares para febrero y marzo, reforzando su atractivo para los compradores asiáticos.
A este factor se suma el escenario productivo. Estados Unidos finalizó su cosecha con 115,8 millones de toneladas, un 3% menos interanual, mientras que Brasil se encamina a una campaña récord cercana a las 177 millones. En Argentina, la siembra avanzó sobre el 86% del área prevista, consolidando el peso sudamericano como principal abastecedor mundial de la oleaginosa.
La demanda china, otro foco de tensión
Las proyecciones de importaciones de China profundizan la incertidumbre. Para la campaña 2025/26, el USDA estima compras por 112 millones de toneladas de soja, mientras que el Ministerio de Agricultura chino las ubica en apenas 96 millones, una diferencia cercana al 20%. Esta brecha alimenta la volatilidad de precios y refuerza la cautela de los operadores.

En términos de flujo comercial, el predominio sudamericano es claro. Las importaciones chinas acumuladas rondarían 25,6 millones de toneladas, con un 97% proveniente de Sudamérica. Dentro de ese total, Brasil aportaría 18,9 millones y Argentina 6,6 millones, dejando a Estados Unidos con un rol cada vez más marginal en el abastecimiento inmediato.
Impacto en precios y señales mixtas
Este contexto tuvo un efecto directo sobre las cotizaciones. La combinación de acuerdos que no se concretan y mayor competitividad brasileña le habría costado a la soja cerca de 47 dólares por tonelada en Chicago. El año cerró en torno a 378 dólares, un valor intermedio entre los niveles previos y posteriores al anuncio del entendimiento bilateral.
Los subproductos mostraron comportamientos dispares: el aceite de soja avanzó con fuerza, impulsado por la demanda energética, mientras que la harina retrocedió, reflejando una oferta holgada y menor tracción del consumo.

Cereales: presión por sobreoferta global
En los cereales, el panorama fue marcadamente bajista. El trigo cerró 2025 con una caída del 8,1%, condicionado por una producción mundial récord estimada en 837 millones de toneladas. Australia aportaría 35,6 millones y Argentina 27,7 millones, incrementando los stocks y presionando los precios.
El maíz tampoco escapó a la tendencia, con pérdidas cercanas al 4%. Estados Unidos mantuvo su producción en 425,5 millones de toneladas, Brasil proyecta 138,9 millones y Argentina, con un avance de siembra del 86%, apunta a 61 millones, en un mercado ampliamente abastecido.
De cara a 2026, el productor argentino enfrenta un equilibrio frágil: cereales con escaso margen de recuperación y una soja cada vez más dependiente de decisiones comerciales externas. La gran incógnita ya no es solo el clima, sino cuánto y cuándo comprará China, y cuán agresivo será Brasil en un mercado global cada vez más competitivo.
