Córdoba perdería 3 millones de toneladas en la cosecha gruesa por la sequía
La primera estimación de cosecha gruesa 2025/26 en Córdoba dejó un dato que sintetiza el impacto de la sequía de enero: la provincia produciría tres millones de toneladas menos que en la campaña pasada. El cálculo, difundido por la Bolsa de Cereales de Córdoba, proyecta una producción total de 31,2 millones de toneladas entre soja, maíz, girasol, maní y sorgo.
El número cobra mayor relevancia si se tiene en cuenta que Córdoba es la segunda mayor productora de granos del país, detrás de Buenos Aires. El ajuste productivo, por lo tanto, tiene peso específico en el volumen nacional.
Maíz: leve crecimiento, pero con alerta en el sur
A pesar del contexto adverso, el maíz muestra un leve crecimiento interanual. La Bolsa cordobesa estima 17,89 millones de toneladas, un 1% más que en 2024/25 y 26% por encima del promedio histórico de la serie 2008/09-2024/25.

Sin embargo, detrás de ese número agregado hay una marcada disparidad regional. El sur provincial, históricamente el núcleo productivo del maíz cordobés, sufrió la restricción hídrica en momentos críticos del cultivo. Allí ya se reportan pérdidas concretas de potencial de rendimiento en todas las fechas de siembra.
En contrapartida, el norte recibió lluvias oportunas y suficientes, lo que permite proyectar mejoras tanto en maíces tempranos como tardíos. Pero el peso relativo del sur en la estructura productiva explica que la caída en esa región termine condicionando el promedio provincial.
Soja, maní y sorgo: las mayores bajas
La soja es la gran afectada del ciclo. La proyección es de 11,87 millones de toneladas, lo que implica una caída del 18% interanual y un 3% menos que el promedio histórico.
A diferencia del maíz, en soja la variación negativa es generalizada tanto en el norte como en el sur. La única excepción es la soja temprana en el norte, que muestra una mejora respecto del ciclo anterior, aunque su peso en la superficie total es reducido y no alcanza para revertir la tendencia general.

El panorama es todavía más complejo para el maní y el sorgo, con bajas cercanas al 40% interanual. En estos cultivos, la combinación de déficit hídrico y altas temperaturas impactó de lleno en los rindes y en el estado general de los lotes.
La entidad aclaró que esta primera estimación se realizó “con elevada incertidumbre”, ya que aún no comenzó la cosecha y la evolución climática de febrero será determinante para sostener o ajustar los actuales niveles proyectados.
Más grano que termina en forraje
Uno de los indicadores más claros del daño provocado por la sequía es el cambio de destino productivo. Según el relevamiento, un 14% de la superficie de maíz y un 36% de la de sorgo se redireccionarían a forraje, proporciones superiores a las campañas previas.
La decisión responde al deterioro de los cultivos en regiones donde el potencial para grano quedó comprometido. Así, lotes inicialmente pensados para cosecha comercial pasan a integrar la oferta forrajera, afectando la disponibilidad final de grano.

El “boom” del girasol
En medio de este escenario, el girasol aparece como la nota distintiva. El cultivo, que viene expandiéndose a nivel nacional, también gana terreno en Córdoba.
Ya se cosechó cerca del 25% del área implantada, más del doble de lo habitual para esta época. En febrero, normalmente, la recolección recién comienza. El rendimiento es heterogéneo: en algunas zonas se proyectan buenos resultados, mientras que en otras la falta de humedad durante el período crítico limitó el potencial.
Más allá de los números, el girasol consolida su rol estratégico en la rotación: su cosecha anticipada favorece la recarga hídrica del perfil y facilita la planificación de la campaña invernal.

Plagas y enfermedades, otro frente abierto
El informe también relevó una marcada incidencia de plagas asociadas al estrés hídrico y las altas temperaturas.
En soja predomina la arañuela roja (Tetranychus urticae), seguida por trips y orugas defoliadoras. En maíz, la chicharrita (Dalbulus maidis) mantiene presencia baja pero en aumento en el norte, mientras que el cogollero (Spodoptera frugiperda) se ubica en niveles medios y exige monitoreo.
También se detectaron enfermedades como roya anaranjada en maíz, viruela en maní y pulgón amarillo en sorgo, además de casos aislados de roya blanca y negra en girasol.
Con este panorama, la campaña cordobesa arranca con un saldo negativo de tres millones de toneladas menos. La clave estará en cómo evolucionen las lluvias en las próximas semanas. En una provincia donde el sur marca el pulso productivo, la sequía de enero dejó una huella difícil de borrar.
