Semillas del INTA viajarán al espacio para estudiar cómo responden los cultivos a condiciones extremas
Una experiencia científica poco habitual tendrá participación argentina en los próximos meses: semillas de quinua desarrolladas por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) serán enviadas al espacio como parte de un experimento internacional que busca analizar cómo responden los sistemas biológicos a condiciones extremas. La iniciativa forma parte de un acuerdo con la Orion Space Generation Foundation y prevé el lanzamiento de una cápsula experimental durante un vuelo espacial programado para el segundo trimestre del año.
El objetivo del proyecto es evaluar cómo influyen factores propios del ambiente orbital —como la radiación, la microgravedad y las variaciones térmicas extremas— sobre el comportamiento de las semillas. Comprender estas respuestas permitirá avanzar tanto en el desarrollo de tecnologías para futuras misiones espaciales como en nuevas herramientas para la agricultura en la Tierra.
Un cultivo andino para investigar la tolerancia biológica
El material genético seleccionado para la experiencia corresponde a semillas de quinua variedad Morrillos (Chenopodium quinoa), desarrolladas y conservadas por investigadores del INTA tras más de una década de trabajos de caracterización agronómica. La elección de esta especie no fue casual: se trata de una planta originaria de los Andes con gran capacidad de adaptación a ambientes hostiles y alto valor nutricional.
Precisamente esas características la convierten en un modelo ideal para estudiar la tolerancia de los organismos vegetales frente a situaciones de estrés extremo. La quinua puede crecer en condiciones de sequía, suelos salinos y fuertes amplitudes térmicas, cualidades que la posicionan como un cultivo estratégico tanto para la seguridad alimentaria como para investigaciones vinculadas con la exploración espacial.

De acuerdo con el investigador Lucas Guillén, integrante del equipo del INTA San Juan, la resiliencia de esta especie la vuelve especialmente interesante para estudios científicos. “La quinua es una especie extremadamente resiliente. Puede crecer en ambientes con salinidad, sequía y amplitudes térmicas importantes. Eso la convierte en un modelo muy interesante para estudiar cómo responden las plantas frente a condiciones extremas”, explicó.
Una red científica internacional para explorar el espacio
El proyecto se desarrolla a través de una red científica que reúne instituciones de distintos países, entre ellas la Universidad de San Pablo-T —representada por los investigadores Matías Rhomer y Catalina Lonac—, equipos técnicos del INTA San Juan y Tucumán, la Fundación Miguel Lillo y otros socios internacionales.
Las semillas argentinas formarán parte de una cápsula experimental especialmente diseñada para registrar variables ambientales durante el vuelo, lo que permitirá analizar con precisión los efectos del entorno espacial sobre el material biológico. Esta iniciativa se vincula con una línea de investigación iniciada en 2019 junto a la Universidad de York – Lassonde School of Engineering, en Canadá.

Los primeros resultados de ese trabajo fueron publicados en 2022, tras estudiar el comportamiento de semillas sometidas a niveles de irradiación energética comparables con los que se registran en el espacio. La nueva experiencia busca profundizar ese conocimiento mediante experimentos directos durante una misión orbital.
Ciencia espacial con impacto en la agricultura del futuro
El envío de las semillas se formalizó mediante un Acuerdo de Transferencia y Evaluación de Material (ATM) firmado entre el INTA y la Orion Space Generation Foundation. Este convenio establece que el material vegetal será utilizado exclusivamente con fines científicos y contempla condiciones estrictas de trazabilidad, confidencialidad y protección de los recursos genéticos.
Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza–San Juan del INTA, destacó que la participación del organismo se apoya en una larga trayectoria en la conservación y caracterización de recursos genéticos vegetales. Según explicó, formar parte de esta iniciativa internacional representa un desafío y abre nuevas oportunidades de cooperación científica.

El acuerdo también permitirá desarrollar estudios fisiológicos, genómicos y experimentos tanto en laboratorios terrestres como durante la misión espacial. En ese sentido, los investigadores buscan generar conocimiento que luego pueda trasladarse al desarrollo de cultivos más resistentes frente a condiciones adversas.
Para el sector agropecuario, este tipo de investigaciones tiene un gran potencial. El espacio funciona como un laboratorio natural de condiciones límite, con alta radiación, escasez de agua y suelos pobres en nutrientes. Analizar cómo reaccionan las semillas ante estos factores puede revelar mecanismos de adaptación útiles para los programas de mejoramiento genético.
