El clásico de barrio quedó en cero: polémicas, VAR y frustración en San Lorenzo


San Lorenzo y Huracán no pasaron del 0-0 en el estadio Pedro Bidegain, en un clásico con más fricción que fútbol y que estuvo condicionado desde el primer tiempo, válido por la séptima fecha del Torneo Clausura de la Liga Profesional. El partido dejó gusto a poco para los de Boedo, que jugaron con un futbolista más desde los 26 minutos, pero no supieron aprovecharlo.

El Globo sufrió la expulsión de Luciano Giménez por un codazo a Ignacio Perruzzi, pero, aun en desventaja, tuvo la chance más clara de la tarde: Matías Tissera quedó mano a mano frente a Orlando Gill y falló en la definición. Por su parte, el Ciclón acarició el triunfo gracias a un penal sancionado por el árbitro Nicolás Ramírez, que fue anulado a instancias del VAR por una posición adelantada en el inicio de la jugada.

Con este empate en el clásico, San Lorenzo alcanzó a River en la cima de la Zona B del Clausura, mientras que Huracán se mantiene tercero en la Zona A y estiró a seis partidos su invicto en clásicos (cinco empates y una victoria).

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La expulsión que cambió el partido

El clásico era parejo y disputado en el mediocampo cuando, a los 26 minutos, se produjo la acción determinante. Luciano Giménez le aplicó un codazo a Ignacio Perruzzi dentro del área, en una jugada que no tenía mayor riesgo, y el árbitro Ramírez le mostró la tarjeta roja directa.

La sanción fue correcta: se trató de una agresión sin pelota, encuadrada como conducta violenta. Orlando Gill, arquero azulgrana, también fue amonestado por empujar al delantero rival en medio de la protesta. A partir de entonces, Huracán debió replegarse y apostar al contraataque.

Huracán resistió y estuvo cerca del triunfo

Lejos de replegarse por completo, el equipo de Frank Kudelka logró sostenerse en el partido. La chance más clara fue para Matías Tissera, que desperdició un mano a mano inmejorable frente a Gill en el complemento. El lamento en el banco visitante fue evidente: pudo ser el golpe histórico en el Nuevo Gasómetro, donde el Globo solo ganó una vez en toda su historia.

San Lorenzo, conducido por Damián Ayude, tuvo la pelota pero careció de ideas para romper la defensa rival y así quedarse con el clásico. Los intentos de Alexis Cuello y Matías Reali fueron aislados, y Galíndez respondió con seguridad cada vez que fue exigido.

El penal que el VAR desactivó

La gran polémica del clásico llegó a los 20 minutos del segundo tiempo. Martín Nervo derribó a Reali dentro del área y Ramírez cobró penal para San Lorenzo, lo que generó fuertes protestas de los jugadores de Huracán.

Sin embargo, la revisión en cabina, a cargo de Héctor Paletta (VAR) y Diego Verlotta (AVAR), determinó que Ezequiel Cerutti estaba en posición adelantada en el inicio de la acción, antes de asistir a Cuello. El árbitro anuló la decisión inicial y comunicó al estadio: “Decisión final: fuera de juego”. La resolución desató bronca en las tribunas azulgranas, que vieron frustrada la chance más concreta de quedarse con el triunfo.

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Sensaciones encontradas tras el empate

El tramo final del clásico se jugó con menos intensidad y ambos equipos parecieron conformarse con la igualdad. El Ciclón se fue con sabor amargo por haber desaprovechado la ventaja numérica y la posibilidad de consolidar el liderazgo.

Huracán, en cambio, valoró el punto como una victoria moral, por la entrega mostrada y por haber resistido más de una hora con un jugador menos. Además, extendió su racha positiva en clásicos, que ya suma seis partidos sin perder ante su eterno rival.

En definitiva, San Lorenzo y Huracán firmaron un empate con más polémicas que fútbol, en un clásico que será recordado por la expulsión de Giménez y el penal que el VAR terminó borrando.