River derrotó 3-1 a Banfield en el adiós de Gallardo


En una noche cargada de emoción y simbolismo, River venció 3-1 a Banfield por el Torneo Apertura en un Monumental ardiente y le puso punto final al segundo ciclo de Marcelo Gallardo como entrenador. Fue victoria, fue homenaje y fue despedida en una tardenoche que quedará grabada para siempre en la memoria millonaria.

El resultado fue casi una anécdota frente a lo que se vivió en las tribunas. Desde temprano, el “Muñeco, Muñeco” bajó desde la San Martín Alta como un mantra imposible de frenar. El estadio vibró por las tantas noches en las que hubo algo en qué creer, por los 14 títulos, por las dos Libertadores y por las gestas eternas ante Boca. Madrid, Mendoza, la Bombonera y aquella histórica serie que marcó una era desfilaron en la memoria colectiva mientras el equipo se despedía de su conductor más trascendente.

Un símbolo que se hizo carne en la gente

Gallardo dejó de ser solamente un entrenador para convertirse en identidad de River. Es remera, es bandera, es lágrima de padres abrazados a hijos que crecieron escuchando hablar de sus hazañas, aunque no hayan vivido todas sus conquistas. Es silueta en una gorra, cartel escrito con fibrón agradeciendo lo imposible y aplauso cerrado de quienes fueron únicamente a honrarlo.

El Monumental fue escenario de un tributo genuino. Sin cotillón ni plaquetas, como él lo pidió. Sólo él y la gente de River en una última función, sin estridencias artificiales. La imagen del Muñeco levantando la mano para agradecer y juntando palmas en señal de disculpa por no haber podido repetir viejas alegrías resumió la complejidad del momento. Ídolo eterno, pero también humano.

River, Gallardo

El final de un segundo ciclo sin respuestas

Convertido en estatua de seis toneladas y media en vida, Gallardo también atravesó tropiezos. El intento por “recuperar el espíritu” en su regreso de 2024 no encontró eco en un plantel armado para competir por todo, con inversiones fuertes que no ofrecieron el rédito esperado. La falta de respuestas futbolísticas precipitó una decisión que, anunciada en un video de dos minutos, sacudió corazones.

El entrenador eligió irse de River cuando entendió que el mensaje ya no llegaba con la misma potencia. Y lo hizo fiel a su estilo: compitiendo hasta el último minuto. Parado en el banco, activo, dando indicaciones como si fuera una noche más, sin permitir que la despedida se comiera al partido. Quiso que su adiós fuera con la pelota rodando, no con discursos interminables.

Un equipo que habló por su entrenador

La formación elegida fue un mensaje en sí mismo. Con nueve canteranos como titulares y regresos emblemáticos como los de Gonzalo Montiel y Lucas Martínez Quarta, Gallardo cerró el círculo con su propia escuela. El primer gol, celebrado con un abrazo sobrio tras la corrida de Martínez Quarta, tuvo la emoción contenida de quien intenta no quebrarse.

Sebastián Driussi marcó el segundo y volvió a abrazar al técnico, mientras el estadio insistía: “El Muñeco es de River, de River no se va”. Pero el momento más visceral llegó con el tanto del juvenil Joaquín Freitas. Gallardo saltó, revoleó los brazos y miró a la tribuna con euforia, como en sus mejores noches. Fue una imagen que conectó pasado y presente en un mismo grito.

River, Martínez Quarta

La última caminata del prócer

El pitazo final de Hernán Mastrángelo activó la última escena. Gallardo saludó a sus colaboradores, cruzó palabras con los árbitros y caminó hacia el centro del campo. Con dos líneas imaginarias conteniendo el lagrimal, evitó el desborde y emprendió el regreso en soledad hacia el túnel, dejando atrás a sus futbolistas en el círculo central.

El Monumental entró en incandescencia una vez más cuando el prócer de River se perdió en las penumbras. Fue la última imagen de un entrenador que ya no necesita estar en el banco para habitar la historia grande del club. Se fue el técnico, quedó la leyenda. Y en Núñez comienza otra etapa, con el eco de un apellido que será eterno.