La vacunación contra la rabia paresiante, una herramienta clave para proteger la salud animal y humana


La rabia paresiante continúa siendo una de las enfermedades más preocupantes en el ámbito rural argentino. Se trata de una zoonosis viral, mortal y prevenible, que afecta principalmente a bovinos y equinos, con impacto directo en la producción ganadera y en la salud pública. Frente a este escenario, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) refuerza las acciones de prevención y concientización, destacando la importancia de la vacunación como principal medida de control.

En distintas regiones del país donde la enfermedad es endémica, la vigilancia sanitaria resulta fundamental para reducir el riesgo de brotes. Provincias como Misiones, Chaco, Formosa, Corrientes, Tucumán, Santiago del Estero y zonas de Salta, Jujuy, Catamarca, Santa Fe, La Rioja, San Luis y Córdoba concentran la mayor atención de los organismos sanitarios.

Qué es la rabia paresiante y cómo se transmite

La rabia paresiante es causada por el virus rábico y se transmite a través del vampiro común, Desmodus rotundus, una especie de murciélago hematófago que actúa como principal vector de la enfermedad. El virus se encuentra presente en la saliva del animal y se inocula mediante mordeduras, generalmente durante la alimentación nocturna.

Una vez que el virus ingresa al organismo, afecta el sistema nervioso central, provocando un cuadro clínico irreversible. Si bien los bovinos y equinos son los más afectados, también puede presentarse en animales domésticos, algunas especies silvestres y en personas, especialmente aquellas que viven o trabajan en zonas rurales con circulación viral.

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Signos clínicos y consecuencias de la enfermedad

Los primeros síntomas de la rabia paresiante suelen ser neurológicos y poco específicos. Inquietud, pérdida del apetito y aislamiento del animal suelen ser las señales iniciales que alertan a los productores y veterinarios.

Con el avance de la enfermedad, el cuadro se agrava rápidamente. Depresión, deshidratación y dificultades para mantenerse en pie o desplazarse son manifestaciones frecuentes, que derivan inexorablemente en la muerte. Debido a su evolución fatal y a la ausencia de tratamiento curativo, la detección temprana y la prevención resultan esenciales.

La vacunación como pilar de la prevención

Tanto en animales como en personas, la rabia paresiante es una enfermedad prevenible mediante la vacunación. En este sentido, el SENASA subraya que la inmunización, junto con la vigilancia epidemiológica, el control de focos y el diagnóstico temprano, constituye la estrategia más eficaz para disminuir su impacto sanitario y productivo.

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En las zonas endémicas, se recomienda incorporar la vacunación antirrábica de las especies susceptibles dentro del calendario sanitario anual. Las vacunas utilizadas deben estar aprobadas por el SENASA y su aplicación debe ser registrada en la oficina correspondiente para garantizar la trazabilidad y el control oficial.

Calendario sanitario y obligaciones de notificación

De acuerdo con la normativa vigente, los animales primovacunados deben recibir una revacunación entre los 20 y 30 días posteriores a la primera dosis, mientras que la inmunización posterior debe realizarse de manera anual. Este esquema resulta clave para asegurar una protección adecuada frente a la rabia paresiante.

Asimismo, el organismo sanitario recuerda la obligatoriedad de notificar la presencia de animales con síntomas nerviosos o la detección de posibles refugios de vampiros. Las denuncias pueden realizarse en la oficina del SENASA más cercana, por teléfono, vía WhatsApp al 11 5700 5704, por correo electrónico o mediante el formulario “Avisá al Senasa” disponible en su sitio web.

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Prevención para proteger la producción y la salud pública

La rabia paresiante no solo genera pérdidas económicas significativas, sino que también representa un riesgo concreto para la salud de las personas. Evitar el contacto con animales que presenten signos sospechosos y cumplir con las medidas preventivas recomendadas es fundamental para reducir la exposición.

Contar con información actualizada, cumplir con la vacunación y realizar las notificaciones correspondientes permite resguardar la sanidad animal, proteger a las comunidades rurales y disminuir el impacto de una enfermedad que, aunque mortal, puede prevenirse eficazmente mediante acciones coordinadas entre productores, veterinarios y el Estado.