Mendoza activa la fase decisiva del mayor operativo contra la polilla de la vid
El Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (ISCAMEN) pondrá en marcha en los próximos días la etapa final del Operativo de Control 25/26 contra Lobesia botrana, conodida como polilla de la vid, una plaga que cada año amenaza el rendimiento y la calidad de los viñedos provinciales. Tras concluir las acciones destinadas a la primera generación del insecto, comienza ahora el despliegue de aplicaciones aéreas de feromonas, una herramienta clave para sostener la sanidad de los cultivos en los oasis Norte y Este.
Una ofensiva aérea para frenar la segunda generación
La nueva fase contempla la intervención de alrededor de 70.000 hectáreas de viñedos ubicados en Lavalle, Junín, Rivadavia, San Martín, Santa Rosa y La Paz. Se trata de zonas estratégicas: allí se concentra la mayor parte de la superficie productiva de los oasis Norte y Este, donde el impacto de la polilla de la vid suele ser más marcado.
El foco central de esta instancia es controlar la segunda generación de Lobesia botrana, un momento crítico del ciclo biológico que, si no se reduce, puede derivar en importantes pérdidas económicas para la vitivinicultura. ISCAMEN advierte que esta fase debe completarse antes del inicio del vuelo de los adultos, previsto para fines de noviembre y los primeros días de diciembre.

Feromonas y drones: un control biológico de precisión
El operativo contra la polilla de la vid se apoyará nuevamente en la Técnica de Confusión Sexual (TCS), un método biológico consistente en dispersar feromonas sintéticas que interfieren en la comunicación química del insecto. Al saturar el ambiente con estos compuestos, los machos tienen dificultades para encontrar a las hembras y la reproducción se reduce de manera significativa.
Las feromonas se aplicarán desde aviones y drones, que permiten alcanzar grandes superficies con uniformidad. Según ISCAMEN, los productos utilizados permanecen activos por al menos 45 días y mantienen efectividad incluso tras lluvias. Además, son aptos para producción orgánica, un aspecto valorado por productores que operan en nichos diferenciados.
Este tipo de intervención no solo disminuye la presión de la polilla de la vid, sino que se enmarca en un enfoque ambientalmente responsable y compatible con sistemas de manejo sustentable.

Un operativo de escala inédita en el mundo
El plan 25/26 se consolida como el programa de control de polilla de la vid más grande a nivel internacional. En total, abarca 130.000 hectáreas y beneficia a más de 9.000 productores mendocinos.
Durante la primera parte del operativo ya se colocaron difusores de feromonas en 50.000 hectáreas distribuidas en todos los oasis productivos, priorizando aquellas zonas con mayor presión de la polilla de la vid. Paralelamente, en unas 24.000 hectáreas se aplicaron insecticidas específicos destinados a frenar el avance de la primera generación del insecto, incluyendo 7.500 hectáreas certificadas como orgánicas.
El dispositivo también incorpora el Servicio de Pulverizaciones Aéreas, que ya intervino Luján, Maipú, Santa Rosa, Junín, Rivadavia, San Martín y Lavalle, con dos aplicaciones sobre 90.000 hectáreas.
Con la etapa que inicia ahora, la superficie bajo confusión sexual ascenderá a 120.000 hectáreas, una cifra sin precedentes que multiplica la efectividad del método. ISCAMEN sostiene que el impacto es mayor cuanto más extensa es la zona tratada, ya que se interrumpe el ciclo reproductivo de la polilla de la vid en áreas completas y no solo por establecimiento.

Un cierre decisivo para proteger la competitividad vitivinícola
Con la puesta en marcha de esta fase final, Mendoza busca consolidar un modelo de manejo sanitario que combina control biológico, herramientas tecnológicas y una planificación territorial de gran escala. El desafío no es menor: mantener a la polilla de la vid por debajo del umbral económico es clave para garantizar calidad, preservar rendimientos y sostener la competitividad de la industria vitivinícola en los mercados internacionales.
En un contexto de creciente demanda global por alimentos con trazabilidad y prácticas sustentables, la provincia apuesta a reforzar un esquema de control que no solo enfrenta a una de sus plagas históricas como la polilla de la vid, sino que también define el estándar sanitario de su principal cadena productiva.
