Pastizales: por qué la FAO los pone en el centro de la agenda climática y qué está en juego en Argentina
La decisión de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de declarar 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores vuelve a poner en primer plano a uno de los ecosistemas más extensos y, a la vez, más subestimados del planeta. La iniciativa busca visibilizar el rol estratégico de los pastizales sanos y del pastoreo sostenible frente a desafíos globales como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la degradación de los suelos.
Desde Fundación Vida Silvestre Argentina celebraron el anuncio y remarcaron que se trata de una oportunidad clave para fortalecer políticas de protección y manejo sustentable a escala nacional, regional e internacional. El objetivo es claro: revertir décadas de pérdida y degradación de estos ambientes, cuya desaparición avanza de manera silenciosa pero constante.
Ecosistemas que sostienen el equilibrio ambiental
Los pastizales y las sabanas naturales cumplen funciones ecológicas irremplazables. Entre las más relevantes se destacan el almacenamiento de carbono, la regulación del ciclo del agua, la prevención de inundaciones y la reducción de la erosión y la desertificación de los suelos. A esto se suma su rol central en la producción de alimentos, ya que sostienen sistemas ganaderos que, bien manejados, pueden ser compatibles con la conservación.
Estos ecosistemas cubren más de la mitad de la superficie terrestre y se caracterizan por su resiliencia frente a eventos extremos como sequías o incendios. Su mayor fortaleza está bajo tierra: entre el 25% y el 35% del carbono terrestre se encuentra almacenado en los suelos de pastizales, principalmente como carbono orgánico, lo que los convierte en aliados estratégicos para mitigar el cambio climático.

“Reconocer el valor de los pastizales y sabanas es fundamental para diseñar estrategias climáticas más integrales y efectivas”, señaló Sebastián Fermani, director de Conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina, al destacar que su preservación protege tanto a las especies nativas como a los servicios ecosistémicos que benefician a toda la sociedad.
La situación de los pastizales en Argentina
En el contexto argentino, los pastizales y sabanas naturales albergan una biodiversidad única. Son el hábitat de especies emblemáticas como el venado de las pampas, el ñandú, el cardenal amarillo y el puma, entre muchas otras. Sin embargo, estos ambientes enfrentan una presión creciente asociada al cambio en el uso del suelo.
Según datos de Fundación Vida Silvestre Argentina, entre los años 2000 y 2019 se perdieron más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales en el país. La ecorregión pampeana es una de las más afectadas, debido principalmente a la expansión agrícola, la intensificación productiva y la falta de planificación territorial.

Esta pérdida no solo implica la desaparición de hábitats, sino también la reducción de servicios clave como la regulación hídrica, la fertilidad de los suelos y la capacidad de adaptación al cambio climático, con impactos directos sobre la producción agropecuaria y las economías regionales.
Ganadería, conservación y futuro
Frente a este escenario, la organización impulsa modelos de manejo sustentable, con especial énfasis en sistemas ganaderos compatibles con la conservación. Estas prácticas buscan mantener la productividad sin degradar los ecosistemas, promoviendo el pastoreo planificado, la restauración de áreas degradadas y la creación de áreas protegidas y conservadas, tanto públicas como privadas.
Además, se desarrollan acciones de restauración ecológica en regiones prioritarias, con el objetivo de recuperar la funcionalidad de los pastizales y fortalecer su resiliencia frente a eventos climáticos extremos.

“El mensaje es claro: sin pastizales y sabanas saludables no habrá equilibrio climático posible”, concluyeron desde la Fundación. La designación de 2026 como Año Internacional no es solo un reconocimiento simbólico, sino una llamada de atención sobre la necesidad urgente de integrar estos ecosistemas en las estrategias productivas, ambientales y climáticas del presente y del futuro.
