Tehuelche, Chamamé y Rosalinda: nuevas variedades de duraznero del INTA llegan al mercado
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó tres nuevas variedades de duraznero desarrolladas en su estación experimental de San Pedro: Tehuelche INTA, Chamamé INTA y Rosalinda INTA. Tras años de investigación, pruebas de campo y articulación con productores locales, estos cultivares ya están disponibles para los consumidores, marcando un nuevo paso en la modernización de la fruticultura argentina.
Estas variedades de duraznero, que se suman a un registro de 30 cultivares evaluados desde 2017, se destacan por características específicas como color intenso, tamaño superior y buena adaptación a la zona norte de Buenos Aires. Sus nombres fueron elegidos evocando elementos de la identidad nacional: bailes populares, comunidades originarias, ríos y mujeres relevantes en la historia del país.
Un largo camino desde la investigación hasta el mercado
Gerardo Sánchez, investigador del INTA San Pedro, destacó que el desarrollo de una variedad frutal requiere tiempo y paciencia. “En fruticultura, el desarrollo de una variedad hasta su registro demanda al menos 15 años. Hoy, la biotecnología permite prever el comportamiento de la fruta desde su composición molecular, pero que una variedad llegue al mercado sigue demandando varios años más”, explicó.
Este tiempo no solo se relaciona con la investigación, sino también con las etapas de pruebas en campo, selección de plantas y registro oficial. “Cada fase es crucial para asegurar que la fruta cumpla con los estándares de calidad y se adapte a las condiciones locales, algo fundamental para productores y consumidores”, agregó Sánchez.

Inserción comercial y cooperación con productores locales
El proceso de inserción comercial de estas nuevas variedades de duraznero se consolidó en 2021, a partir de un convenio de cooperación con la Cámara de Productores y Empacadores de la zona norte de Buenos Aires. Según Gabriel Valentini, también investigador del INTA, “se invitó a los productores locales a probar o incorporar estos materiales. Cuatro empresas instalaron cinco variedades de cada uno de los 30 cultivares para evaluar su comportamiento, y otras dos implementaron un monte a escala comercial”.
Este trabajo conjunto permitió obtener información clave sobre adaptación al clima, rendimiento y características de la fruta, lo que facilitó su llegada al mercado. Además, fortaleció el vínculo entre ciencia y producción, promoviendo la confianza de los productores en los nuevos materiales.

Renovación de cultivares y liderazgo del INTA en la región
Actualmente, se estima que el 80% de las variedades de duraznero cultivadas en el noreste de Buenos Aires proviene de materiales introducidos, evaluados o registrados por el INTA San Pedro desde el inicio de sus actividades en fruticultura. Esta alta penetración evidencia la importancia de la investigación pública en el desarrollo de la actividad y la renovación constante de los cultivares, incorporando aprendizajes acumulados a lo largo de décadas.
El productor que hoy lleva Tehuelche, Chamamé y Rosalinda al mercado no es uno de los más grandes de la región. Sin embargo, decidió asumir un riesgo calculado al renovar su monte frutal con estas variedades de duraznero, priorizando atributos como fecha de cosecha, características de la planta, color y tamaño de la fruta. “No se trata solo de producir más, sino de ofrecer calidad diferenciada al consumidor”, señalaron desde el equipo técnico del INTA.

El proceso de llegada al consumidor
Para que una nueva variedad de duraznero llegue a los comercios, el proceso es largo y meticuloso. Primero, los productores deben seleccionar el material adecuado; luego, las plantas deben producirse según la superficie a implantar, ya que no existen en stock, y finalmente, deben esperar entre dos y tres años para la primera cosecha. Solo así se garantiza que la fruta cumpla con los estándares de calidad exigidos para la venta.
Este paso final asegura que el consumidor reciba un producto de calidad y consistente, al mismo tiempo que protege la inversión de los productores. “Cada fruta que llega al mercado es el resultado de años de investigación, pruebas y cuidado en el campo”, subrayaron los técnicos del INTA.
Con su ingreso al mercado, estas nuevas variedades de duraznero refuerzan la apuesta del INTA San Pedro por innovar en fruticultura y acompañar a los productores en la modernización de sus cultivos, manteniendo la tradición agrícola mientras se incorporan tecnologías modernas que aumentan la eficiencia y la competitividad del sector.
