Mujeres en el agro: 200 mil nuevas trabajadoras en cinco años
La presencia de mujeres en la agroindustria argentina atraviesa un momento histórico. Un nuevo informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) reveló que, en solo cinco años, más de 200 mil mujeres se incorporaron al trabajo agropecuario, elevando su participación al 25% del total del sector. Esta cifra supone un cambio estructural en la composición laboral del agro y muestra una tendencia sostenida hacia la diversificación de los equipos productivos.
Un crecimiento que redefine el empleo rural
Según FADA, la agroindustria emplea actualmente a más de 4,2 millones de personas, de las cuales 1,2 millones son mujeres. La proporción implica que una de cada cuatro personas que trabajan en el sector es mujer, un hito que da cuenta de una transformación silenciosa pero profunda en el entramado rural.
“La tendencia es irrefutable, en los últimos cinco años se sumaron más de 200 mil mujeres: productoras, técnicas, ingenieras, emprendedoras… la fuerza del agro también viene de ellas”, destacó la economista de FADA, Antonella Semadeni. Para la entidad, el crecimiento no solo es cuantitativo, sino cualitativo: la presencia femenina se consolida en nuevos roles, muchos de ellos altamente tecnificados.
El informe también señala que esta expansión refleja un sector que se vuelve “cada vez más diverso”, tanto en perfiles profesionales como en responsabilidades dentro de cada eslabón de la cadena.

Sectores donde las mujeres lideran
La participación femenina alcanzó niveles históricamente altos en dos rubros clave: servicios, donde representan el 43%, y comercio, con el 41%. Estas cifras posicionan a las mujeres como protagonistas en áreas vinculadas a la logística, la gestión, la distribución y las tareas de soporte técnico.
Semadeni ejemplificó esta irrupción con una comparación que busca dimensionar el fenómeno: “Si lo llevamos a las trabajadoras del agro, llenan 193 veces el estadio mundialista Luciana Aymar. Estadios llenos de talento, energía y capacidad”.
No obstante, la participación no es homogénea en toda la cadena. En actividades primarias, como la producción directa en campo, así como en el segmento de insumos, transporte y logística, la presencia femenina todavía es menor, con porcentajes que se ubican entre el 14% y el 17%. Estos rubros han estado históricamente asociados a tareas físicas intensivas y fuertemente masculinizadas.

Tecnología y capacitación: motores de la inclusión
La expansión del uso de nuevas tecnologías aparece como uno de los factores determinantes en la mayor incorporación de mujeres al agro. Según FADA, la automatización y la digitalización “borraron la histórica asociación entre ciertas tareas y la fuerza física”, permitiendo la profesionalización de actividades que hoy requieren más manejo de sistemas que esfuerzo corporal.
Dentro de este proceso, las mujeres han avanzado sobre roles de alta exigencia técnica. El informe destaca que ya es habitual verlas conduciendo tractores y cosechadoras de última generación, operando sembradoras automatizadas, manejando drones agrícolas, analizando datos de procesos productivos y gestionando sistemas de logística inteligente.
La profesionalización del agro también se refleja en el crecimiento del empleo joven. Los datos de FADA muestran que las mujeres menores de 30 años tienen una mayor participación relativa, lo que sugiere una renovación generacional y una mayor apertura en los sistemas de formación técnica y profesional vinculados al sector.

Un cambio cultural que impulsa al sector
Para la entidad, el avance femenino no es solo una cuestión de equidad, sino también de competitividad. “La agroindustria argentina no solo está produciendo alimentos para el mundo, sino que está construyendo un modelo laboral más equitativo, demostrando que la eficiencia y la innovación pasan por la inclusión de talento sin distinción de género”, concluye el documento.
En un contexto global donde la demanda de alimentos crece y la tecnología redefine los procesos productivos, la incorporación femenina aparece como un capital estratégico para el desarrollo del país. La tendencia, afirman desde FADA, continuará en ascenso en los próximos años, a medida que el sector siga integrando nuevas herramientas digitales y modelos de organización más inclusivos.
