Mercado de cría: cautela, selectividad y valores que reflejan un negocio de largo plazo
El mercado de cría inició el año con un tono cauto pero firme, en línea con lo que viene mostrando desde el cierre de 2024. La página dedicada a este segmento del informe refleja claramente que los valores de los vientres se sostienen en niveles elevados, aunque con una operatoria más selectiva y con menor volumen que en etapas de mayor entusiasmo inversor, según el informe de AZ Group y deCampoaCampo, el mercado ganadero online más grande del país.
La cría empezó con timidez el 2026
Las vaquillonas con garantía de preñez promediaron valores cercanos a los $1.889.000 por cabeza, mientras que las vacas nuevas preñadas se ubicaron alrededor de los $1.700.000. Estos precios confirman que el negocio de cría sigue siendo percibido como una inversión de largo plazo, donde la decisión de compra no se toma en función de movimientos coyunturales, sino de expectativas productivas y financieras más amplias.

Uno de los aspectos más relevantes del mercado actual es la selectividad creciente por parte de los compradores. No todos los vientres despiertan el mismo interés: hay una clara preferencia por categorías jóvenes, bien presentadas y con respaldo sanitario y genético. En contraste, las vacas usadas o con menor información comercial tienen una salida más lenta y valores más contenidos, lo que refuerza la idea de que el mercado está premiando calidad y previsibilidad.
La relación entre ternera y vientre también aporta información clave. Si bien los valores de la invernada son elevados, la cantidad de terneras necesarias para acceder a un vientre preñado sigue en niveles que no desalientan completamente la reposición. Esto sugiere que, para muchos productores, retener hembras o recomponer rodeos sigue siendo una estrategia válida, especialmente en zonas donde la oferta forrajera muestra señales de recuperación.

Desde el punto de vista productivo, el contexto climático juega un rol central. La mejora en las condiciones de humedad en gran parte del país genera un marco más favorable para encarar servicios y planificar el ciclo reproductivo. Sin embargo, la prudencia sigue siendo la norma: el productor de cría prioriza estabilidad, bajos costos y flexibilidad, evitando sobreendeudarse o comprometer capital en exceso.

El mercado de cría, en definitiva, no muestra euforia, pero sí consistencia. Los precios altos reflejan una oferta limitada y una demanda que, aun con cautela, reconoce el valor estratégico del vientre en un escenario donde el stock nacional todavía necesita recomposición. El mensaje del inicio de año es claro: la cría sigue siendo la base del negocio ganadero, pero exige planificación, espalda financiera y una mirada de largo plazo.
