El mercado de la cría consolida valores firmes en el inicio del 2026
El mercado ganadero de cría transita el inicio del año con una señal clara: los vientres mantienen precios históricamente altos y continúan afirmándose como una de las categorías más buscadas por quienes priorizan producción futura antes que resultados inmediatos. En un contexto donde la reposición muestra movimientos selectivos y el clima obliga a planificar con prudencia, la cría reafirma su lugar como reserva de valor y como termómetro de expectativas a mediano plazo, según el informe de AZ Group y deCampoaCampo, el mercado ganadero online más grande del país.
La cría mostró una nueva semana de firmeza
Los números de la semana reflejan esta tendencia. La vaquillona con garantía de preñez se negoció con un valor promedio de $2.149.657, moviéndose en un rango que fue de $2,29 millones a $2,41 millones. Por su parte, la vaca con garantía de preñez nueva alcanzó un promedio de $1.987.649, mientras que la preñez usada se ubicó en $1.533.754. Un escalón más abajo aparecen las vacas nuevas con cría, con un promedio de $1.375.520, y las vacas usadas con cría en $952.210. Las vacas sin servicio, en tanto, promediaron $1.080.407.

Más allá de la foto semanal, la película es todavía más elocuente. La evolución mensual de los valores muestra una curva ascendente muy marcada desde fines de 2024 y especialmente durante el último trimestre, cuando la expectativa de recomposición del stock y la necesidad de asegurarse fábrica de terneros empujaron decididamente los precios. Tras el salto registrado hacia el cierre del año, el mercado encuentra ahora una zona de consolidación, sin retrocesos significativos y con una demanda que sigue activa cada vez que aparece hacienda de calidad.
Este comportamiento revela que el criador y también el invernador que busca integrarse verticalmente continúan viendo en el vientre una herramienta estratégica. No se trata únicamente del precio actual del ternero, sino de garantizar producción en un escenario donde la oferta futura genera más interrogantes que certezas.

Un dato clave para entender el momento es la relación ternera/vientre. Hoy se necesitan alrededor de 2,16 terneras para adquirir una vaquillona preñada y cerca de 2,00 terneras para acceder a una vaca nueva preñada. Si bien estos ratios se mantienen dentro de parámetros considerados normales en términos históricos, evidencian el fuerte encarecimiento relativo que tuvieron los vientres en comparación con la reposición liviana.

La estabilidad de esta relación en las últimas semanas también marca que el mercado ha encontrado un punto de equilibrio transitorio. Los compradores convalidan precios altos, pero lo hacen bajo análisis fino, priorizando genética, estado corporal, plazo de parición y condiciones sanitarias. Ya no es un mercado de impulso, sino de selección.
Detrás de este escenario confluyen distintos elementos. La necesidad de recomponer rodeos luego de años de liquidación, la búsqueda de previsibilidad productiva y la percepción de que la oferta de terneros podría mantenerse ajustada durante las próximas zafras sostienen el interés por la cría. Al mismo tiempo, el costo financiero de retener vientres comienza a ser más evaluado que en otros momentos, lo que obliga a que cada compra cierre también desde los números.
Así, el negocio entra en una etapa de mayor profesionalización. El productor que invierte en madres sabe que compromete capital por varios ciclos y que el resultado dependerá tanto del precio futuro como de la eficiencia reproductiva que logre puertas adentro.
Con valores que siguen cerca de máximos y una demanda que no se retira, la cría arranca el año reafirmando que la apuesta por producir terneros continúa vigente. El desafío, ahora, será sostener márgenes en un contexto donde cada decisión requiere más cálculo y menos intuición.
