Menos tambos, más vacas y un modelo cada vez más concentrado
La lechería y los tambos de Argentina volvió a cerrar un año difícil. Lejos de encontrar un punto de apoyo que frene la caída, 2025 profundizó una tendencia que ya lleva más de dos décadas: cada vez hay menos tambos en actividad, mientras la producción se sostiene —e incluso crece— sobre la base de una mayor concentración y escala. El resultado es un sector que produce más leche, pero con menos productores.
El tobogán de los tambos en Argentina 2025
Según datos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), analizados por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), diciembre cerró con 8.895 establecimientos lecheros activos inscriptos en el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RENSPA). Se trata de una caída del 2,56% interanual, que confirma la curva descendente en la cantidad de tambos que operan en el país.

El número, si bien no es exacto —ya que considera como tambo a todo RENSPA activo con al menos una vaca registrada—, funciona como un indicador de referencia sólido para dimensionar el pulso de la actividad. Y el pulso, una vez más, fue negativo.
La caída se vuelve aún más pronunciada cuando se analizan los promedios anuales. Desde que el Senasa comenzó a difundir datos mensuales —y no solo al 31 de marzo de cada año—, el OCLA pudo estimar que en el promedio de 2025 hubo un 4,2% menos de tambos que en 2024, con una cifra apenas por encima de las 9.000 unidades productivas.
“La serie histórica entre 1988 y 2025 muestra una disminución anual del 3,2% en la cantidad de tambos, y en los últimos diez años la tasa fue del 2,5% anual”, detalla el informe del Observatorio. Es decir, no se trata de un fenómeno coyuntural, sino de un proceso estructural que se repite año tras año.
Menos tambos no significa menos leche
Paradójicamente, esta fuerte reducción en la cantidad de establecimientos no se tradujo en una menor producción. Por el contrario, el volumen de leche ordeñada en 2025 cerró alrededor de un 10% por encima de 2024. ¿Cómo se explica esta aparente contradicción? La respuesta está en la escala, la tecnología y la productividad por animal.

En diciembre, la cantidad de vacas en ordeño alcanzó 1,48 millones de cabezas, unas 897 más que en igual mes del año anterior y más de 44.000 por encima del cierre de 2023. Sin embargo, al observar el promedio anual, el rodeo lechero quedó 1,6% por debajo del promedio de 2024, confirmando que el crecimiento productivo no se apoya tanto en más animales, sino en un mejor rendimiento por vaca.
La serie histórica también refleja esta dinámica: entre 2008 y 2025, la cantidad de vacas en producción cayó en promedio un 1,02% anual, mientras que en los últimos diez años la baja fue del 1,66% anual. Aun así, la producción se mantiene gracias a mejoras tecnológicas, eficiencia en la alimentación y, en algunos casos, buenas condiciones climáticas.
Más vacas por tambo: la foto de la concentración
Donde el cambio es más evidente es en la estructura productiva. En 2025, el promedio de vacas por unidad productiva creció un 2,5% interanual, alcanzando las 166 vacas por tambo, un 8,2% por encima del promedio de los últimos diez años. En diciembre, el promedio trepó a 167 vacas, un 2,7% más que en igual mes de 2024.

El mensaje es claro: los tambos que quedan son cada vez más grandes, mientras que los más chicos continúan saliendo del sistema.
Este proceso de concentración se expresa en dos dimensiones. La primera es geográfica. La Cuenca Central —integrada por Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos— concentra el 91% de los tambos del país y el 95,7% de las vacas en producción. El resto de las regiones participa de manera cada vez más marginal en el mapa lechero nacional.

La segunda es productiva. Los tambos con más de 500 vacas representan apenas el 6,3% del total, pero concentran el 27,6% del rodeo lechero y aportan más de un tercio de la producción total de leche. En el otro extremo, los establecimientos con menos de 100 vacas —que explican el 34,1% de los tambos— apenas reúnen el 9% de las vacas y generan menos del 10% del volumen total.

Una tendencia global, pero con impacto local
Desde el OCLA advierten que lo que ocurre en Argentina no es un fenómeno aislado. A nivel mundial, la cantidad de tambos y de vacas también viene disminuyendo. En un análisis sobre los principales países productores de leche entre 2015 y 2024, el Observatorio detectó una caída promedio del 4% anual en la cantidad de establecimientos, mientras que el rodeo lechero se redujo en torno al 1% anual.
Sin embargo, en el plano local, la combinación de márgenes ajustados, alta volatilidad macroeconómica y costos crecientes vuelve cada vez más difícil la supervivencia de los tambos chicos y medianos. El resultado es una lechería que sigue produciendo, pero lo hace sobre un piso cada vez más angosto.
Un tobogán que, al menos por ahora, no parece encontrar el final.
