Gallardo cierra su segundo ciclo en River: la decisión que sacudió al Monumental


Marcelo Gallardo llegó al River Camp a las 16.10 con una decisión irreversible: dirigir el jueves ante Banfield y luego renunciar como entrenador de River. El técnico de 50 años arribó al predio de Ezeiza con la convicción madura tras horas de reflexión profunda, marcada por el golpe que significó la derrota 1-0 frente a Vélez. Aquella caída no solo impactó por el resultado, sino por las formas, en una noche donde el equipo fue superado desde lo actitudinal.

El murmullo comenzó a crecer desde el vestuario visitante. Por primera vez desde el inicio de su segundo ciclo, la continuidad del Muñeco quedó bajo evaluación. La derrota número 13 en los últimos 20 partidos encendió alarmas internas y dejó heridas deportivas difíciles de disimular. En la intimidad de su hogar, rodeado de sus afectos, Gallardo tomó la resolución definitiva, aunque la mantuvo en reserva hasta pisar el predio millonario.

El intento fallido de la dirigencia

Minutos después de su llegada, apareció Enzo Francescoli, enviado por la dirigencia para transmitirle respaldo institucional. Hasta entonces, no había existido contacto directo entre el entrenador y el presidente Stefano Di Carlo. La reunión tomó otro rumbo cuando, antes del entrenamiento, Gallardo reunió al plantel y comunicó que el partido ante Banfield sería su despedida.

La noticia activó una reacción inmediata en la cúpula dirigencial. Francescoli informó a Di Carlo, quien se encontraba en el Monumental y partió hacia Ezeiza sin demoras. A las 19.04 cruzó el portón del River Camp y comenzó una reunión clave que se extendió durante casi dos horas. A las 20.59, el presidente se retiró con la confirmación que intentó evitar: Gallardo no cambiaría de postura.

Marcelo Gallardo, Stéfano Di Carlo, River

El máximo dirigente, principal impulsor de su regreso y responsable de la renovación contractual a fines de 2025, buscó persuadirlo con argumentos deportivos y emocionales. Pero la decisión ya estaba tomada y no hubo margen para retrocesos. El desgaste, los resultados y la autocrítica del propio entrenador pesaron más que cualquier intento de continuidad.

Un mensaje cargado de emoción

Con el rumor ya instalado y la expectativa en aumento, Gallardo salió al césped de la cancha 1 del River Camp vestido con la indumentaria que utilizará por última vez como DT millonario. Allí grabó un video de 121 segundos en el que intentó sostener la entereza, aunque la emoción quebró por momentos su voz.

“Este es un mensaje para todos los hinchas de River, intentaré ser breve para que no me embarguen la emoción y el dolor que significa anunciar que el jueves será mi último partido”, expresó en el inicio. El tono pausado y la mirada firme dejaron en evidencia el peso del anuncio.

“Me invaden la emoción y el dolor en el alma por no poder cumplir con los objetivos”, añadió, con autocrítica explícita. A la vez, dejó un deseo hacia el futuro: que la institución, convertida en modelo regional durante los últimos años, pueda reencontrarse con los resultados deportivos para seguir engrandeciendo su historia.

El legado y la búsqueda del sucesor

La salida de Gallardo abre un nuevo capítulo en la vida institucional del club. Entre los posibles reemplazantes aparecen nombres como Eduardo Coudet y Santiago Solari. También existe un fuerte consenso dirigencial en torno a Pablo Aimar, aunque su continuidad como asistente de Lionel Scaloni en la selección argentina —a pocos meses de la defensa del título mundial obtenido en Qatar 2022— vuelve inviable esa opción.

Gallardo se despide tras una era dorada de 14 títulos que lo inmortalizaron en la historia riverplatense. Sin embargo, en este segundo ciclo los números no acompañaron la expectativa: 85 partidos dirigidos, 35 victorias, 32 empates y 18 derrotas, con una efectividad del 53,72%. Cifras que, para el propio entrenador, no estuvieron a la altura del estándar que él mismo construyó.

River, Gallardo

Antes de cerrar definitivamente la etapa, el Muñeco tendrá su último encuentro con el público en el Monumental. Allí recibirá el reconocimiento de una hinchada que lo convirtió en estatua y símbolo. Porque más allá de este final anticipado, su nombre ya quedó grabado en la historia grande de River.