Maíz en foco: el retraso brasileño abre una ventana estratégica para la Argentina
El mercado regional de granos atraviesa un momento de redefiniciones y el maíz aparece en el centro de la escena. Las demoras en la siembra de la soja en Brasil, sumadas a un mayor consumo interno y a condicionantes climáticos, están poniendo en jaque a la producción de maíz safrinha, el principal cultivo exportable del vecino país. En ese contexto, el maíz argentino gana protagonismo y comienza a perfilarse con mejores condiciones competitivas.
Un informe reciente de Verónica Sosa, analista de mercados de fyo, advierte que estos factores no solo alteran el balance brasileño, sino que también reconfiguran la dinámica comercial en Sudamérica, en un momento clave para la definición de precios y flujos de exportación.
Brasil, con la safrinha contra el reloj
El punto de partida del nuevo escenario está en el calendario agrícola brasileño. Las demoras en la implantación de la soja durante octubre y noviembre desplazaron la ventana óptima para la siembra del maíz safrinha, un cultivo que se implanta inmediatamente después de la oleaginosa y que explica la mayor parte del volumen exportable de Brasil.
Según datos de la Compañía Nacional de Abastecimiento (CONAB), si bien se proyecta un incremento del 4% en el área destinada a maíz, la productividad caería un 5,4% interanual, luego de los rindes excepcionales del ciclo 2024/25. Este retroceso responde tanto al corrimiento de fechas como a un contexto climático más desafiante.

Sosa advierte que el riesgo principal es que el período crítico del cultivo coincida con el inicio de la estación seca, habitualmente a partir de mayo. “El éxito de la safrinha depende de completar su ciclo antes del retiro de las lluvias”, explicó la analista, remarcando que cualquier atraso adicional incrementa la vulnerabilidad del cultivo.
Clima ajustado y riesgos regionales
El impacto del atraso no es homogéneo en todo el país. Brasil presenta realidades productivas muy distintas según la región, lo que obliga a analizar el escenario con mayor detalle. Mientras estados clave como Mato Grosso muestran una situación relativamente estable, otras zonas exhiben señales de alerta.
En particular, Goiás y la región de MATOPIBA —que incluye Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahía— concentran los mayores niveles de riesgo. Allí, el corrimiento del calendario productivo expone al cultivo a mayores probabilidades de estrés hídrico durante el llenado de granos.
Si bien estas regiones tienen una participación menor en el total de la producción nacional, su relevancia no es despreciable. Este factor atenúa parcialmente el impacto a escala país, pero no elimina la posibilidad de una merma significativa en la cosecha total, especialmente si el clima no acompaña en los próximos meses.

El etanol tensiona el balance brasileño
A los desafíos productivos se suma un factor estructural que gana cada vez más peso: el crecimiento del consumo interno de maíz para etanol. Brasil atraviesa un fuerte auge en la producción de biocombustibles, con una demanda creciente de grano destinada a este segmento.
Las proyecciones indican que la producción de etanol de maíz alcanzaría un récord de 8.980 millones de litros, lo que implica una suba interanual del 14,5%. Este avance presiona sobre el balance de oferta y reduce el margen de maniobra ante eventuales pérdidas productivas.
Con stocks finales estimados en 14 millones de toneladas para el ciclo 2024/25, cualquier recorte adicional en la cosecha impactaría de forma directa en el saldo exportable. La necesidad de cumplir con políticas de corte obligatorio y compromisos industriales limita la capacidad de Brasil para volcar más volumen al mercado externo.

Argentina: una oportunidad que se abre
En este contexto, la Argentina aparece mejor posicionada. El maíz safrinha brasileño compite directamente con el maíz tardío argentino en los mercados internacionales y ambos ingresan en ventanas comerciales similares. Una eventual menor oferta desde Brasil aliviaría la competencia regional.
Sosa destaca que una escasez relativa podría sostener los precios y mejorar las primas para el maíz argentino. Incluso, abre la posibilidad de que el país se posicione como proveedor de emergencia para el sur de Brasil, una situación que ya tuvo antecedentes en otros ciclos.
Si bien el escenario aún está abierto y dependerá de la evolución climática, el retraso brasileño introduce una ventaja estratégica para la Argentina. En un mercado cada vez más ajustado, la combinación de menor competencia y mayor demanda regional podría traducirse en mejores oportunidades comerciales para el maíz argentino en la próxima campaña.
