Lluvias de hasta 175 mm frenan la cosecha y reavivan el temor a inundaciones en el oeste bonaerense


Productores de los partidos bonaerenses de 9 de Julio y Carlos Casares volvieron a encender las alarmas tras un episodio de lluvias intensas que dejó acumulados de hasta 170 milímetros en poco más de 24 horas. El fenómeno ocurrió entre el viernes y el sábado al mediodía y generó preocupación en plena antesala de la cosecha gruesa, en una campaña que ya venía condicionada por siembras tardías y menor superficie implantada.

Los registros relevados por la Sociedad Rural de 9 de Julio muestran la magnitud del evento. En French se midieron 164 mm, en Patricios se superaron los 160 mm y en Los Pajonales, Cambaceres, se registraron 156 mm, mientras que en el paraje El Jabalí se alcanzaron 155 mm. Incluso zonas con menores acumulados, como Dudignac con 140 mm o Norumbega con valores entre 102 y 160 mm, evidencian un fenómeno generalizado.

Caminos rurales en el centro del problema

El presidente de la Sociedad Rural de 9 de Julio, Hugo Enríquez, describió a La Nación la intensidad del temporal y su impacto inmediato. “Hubo zonas en las que llovieron hasta 170 milímetros. Fue tremendo, arrancó el viernes a la mañana y siguió hasta el sábado antes del mediodía”, señaló. El dirigente remarcó que el problema no es solo la lluvia, sino el estado previo de la infraestructura rural.

Según explicó, los caminos que habían sido reparados resistieron relativamente bien, pero la mayoría de los accesos rurales se encuentra en condiciones precarias. “Hay muchos caminos secundarios y terciarios sin arreglar y con estas lluvias se vuelve imposible transitar”, afirmó. La situación complica el movimiento de maquinaria y transporte de granos en un momento clave para la actividad agrícola.

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Una campaña atrasada y con menor superficie

El impacto de las lluvias llega en un momento delicado para la región, donde la cosecha ya presenta un atraso de entre 25 y 30 días. Según los productores, este retraso se debe a las inundaciones registradas el año pasado y a una siembra que se realizó más tarde de lo habitual, lo que desplazó el calendario productivo.

En el caso de la soja, la recolección comenzaría recién a mediados de abril, cuando históricamente arrancaba hacia el 25 de marzo. A esto se suma una fuerte caída del área sembrada: la superficie implantada se redujo cerca de un 55% respecto de un año promedio, con productores que apenas pudieron cubrir entre el 30% y el 75% de sus campos.

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El recuerdo de la inundación sigue presente

En el partido de Carlos Casares, la presidenta de la Sociedad Rural local, Erica Moro, coincidió en que el rasgo más preocupante fue la concentración de agua en pocas horas. “Llovieron hasta 170 milímetros en todo el partido y fue todo junto en muy poco tiempo”, explicó. El temporal comenzó el viernes al mediodía y se extendió hasta la mañana del sábado.

La dirigente recordó que la situación revive el recuerdo de lo ocurrido el año pasado. “A esta altura del año comenzaron las lluvias que terminaron en la inundación histórica, por eso la situación genera preocupación”, señaló. Aunque evitó anticipar un escenario similar, advirtió que los caminos rurales todavía no están completamente recuperados.

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Riesgos para la cosecha y la logística rural

Desde el punto de vista técnico, Cristian Russo, jefe de estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, destacó que el evento de lluvias representa un cambio hídrico muy significativo, con más de 100 milímetros en amplias zonas productivas. Sin embargo, aclaró que será necesario esperar algunos días para evaluar con precisión los efectos sobre los cultivos.

El especialista indicó que las lluvias podrían favorecer a la soja de segunda, aunque también planteó riesgos para el maíz en plena etapa de cosecha. Además, mencionó que los pronósticos anticipan nuevas precipitaciones hacia el fin de semana, lo que podría complicar aún más el panorama logístico y productivo.

Mientras tanto, los productores siguen con atención la evolución del clima y el estado de los caminos rurales. La logística aparece nuevamente como el principal cuello de botella, ya que el traslado de maquinaria y granos depende de accesos que en muchos casos quedaron deteriorados tras las lluvias.