Las legumbres buscan un salto genético para dejar atrás dos décadas de atraso varietal
En un contexto global marcado por la creciente demanda de alimentos y la diversificación de las dietas proteicas, las legumbres aparecen como una de las grandes oportunidades estratégicas para la Argentina. Porotos, garbanzos y arvejas ganaron superficie y relevancia en los últimos años, posicionando al país como un proveedor con potencial en los mercados internacionales.
Sin embargo, este crecimiento productivo enfrenta un límite estructural que amenaza con frenar su expansión. La escasa oferta genética disponible se ha convertido en un cuello de botella para el sector, que necesita nuevas variedades para mejorar rendimientos, calidad y estabilidad frente a condiciones adversas.
Un retraso varietal que condiciona al sector
Desde la Cámara de Legumbres de la República Argentina (CLERA) advierten que la situación es crítica. “La cadena semillera de legumbres actualmente atraviesa un retraso varietal de 20 años debido a la falta de inversión”, señalaron de manera contundente desde la entidad, reflejando una preocupación compartida por productores y técnicos.
Este atraso no solo limita el rendimiento potencial de los cultivos, sino que también reduce la capacidad de respuesta frente a factores de estrés biótico y abiótico, como plagas, enfermedades y eventos climáticos extremos. En un mercado global cada vez más competitivo, esta desventaja genética impacta directamente en la rentabilidad y en la posibilidad de consolidar mercados externos.

Articulación público-privada para destrabar el problema
Con el objetivo de revertir este escenario, CLERA impulsó una reunión clave junto a la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y autoridades del Instituto Nacional de Semillas (INASE) y de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGYP). El encuentro permitió poner sobre la mesa los desafíos que enfrenta la cadena y comenzar a delinear un plan de acción conjunto.
Según detalló la Cámara, el diálogo se centró en la necesidad de avanzar hacia un recambio varietal progresivo, respetando el marco legal vigente, en particular la Ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas Nº 20.247/73. El consenso fue que, sin reglas claras y sin incentivos a la inversión, resulta imposible desarrollar nuevas variedades de legumbres adaptadas a las necesidades actuales del sector.
El rol del INASE y la aceleración del recambio genético
Uno de los anuncios más relevantes surgidos de la reunión fue el compromiso del INASE de acompañar a la industria de las legumbres en un proceso de regularización que permita potenciar la oferta genética. Este acompañamiento incluirá mecanismos para garantizar la rápida inscripción de nuevos cultivares en el registro oficial.

El objetivo central es incrementar el rendimiento nacional y mejorar la performance de los cultivos frente a distintos factores de estrés. Desde CLERA destacaron que este impulso no solo beneficiará al productor, sino que también permitirá elevar la calidad del producto final, un aspecto clave para mejorar la competitividad en los mercados internacionales.
Propiedad intelectual y combate a la “bolsa blanca”
Un punto neurálgico del plan es la protección de la propiedad intelectual de los obtentores. Para que haya inversión en mejoramiento genético de legumbres, resulta indispensable garantizar procesos efectivos de fiscalización y control del comercio de semillas.
En el caso de las legumbres, el problema del uso de semilla no fiscalizada, conocida como “bolsa blanca”, sigue siendo una práctica extendida que desalienta la innovación. Esta informalidad limita el desarrollo de nuevas variedades y afecta la sustentabilidad de toda la cadena productiva.

Semilla fiscalizada como base del crecimiento
Desde CLERA subrayaron que el uso de semilla fiscalizada en cultivos como arveja y garbanzo es un factor decisivo para el éxito productivo. Estas semillas cuentan con estrictos controles de calidad, sanidad y legalidad, lo que reduce riesgos y mejora los resultados a campo.
Además, el fortalecimiento del sistema formal de semillas es visto como una condición indispensable para atraer nuevas inversiones al sector. “El uso de semilla fiscalizada asegura el éxito del cultivo y genera las condiciones necesarias para que la genética vuelva a ser un motor de crecimiento”, concluyeron desde la Cámara.
Con este plan en marcha, el sector de las legumbres apuesta a dejar atrás dos décadas de atraso varietal y dar un salto tecnológico que le permita a la Argentina consolidarse como un actor clave en el mercado global de proteínas vegetales.
