Invernada, un mercado que empieza a mostrar el termómetro de la Zafra 2026


El mercado de invernada transita el comienzo del año con una tónica selectiva pero mayormente firme. Los valores de la invernada muestran subas en las categorías más livianas, mientras que los kilajes intermedios y pesados evidencian ajustes que reflejan la prudencia del comprador ante márgenes todavía ajustados. El escenario, de todos modos, confirma que la demanda sigue activa y que el ternero continúa siendo el termómetro del negocio ganadero, según el informe de AZ Group deCampoaCampo, el mercado ganadero online más grande del país.

La invernada expectante al inicio de la Zafra

Los terneros de 130 a 160 kilos se ubicaron en un promedio de $6.251, con un incremento semanal del 1,77%. Un escalón más arriba, los 160 a 180 kilos alcanzaron $6.163, registrando una mejora más marcada, del 5,52%. En tanto, los 180 a 200 kilos prácticamente repitieron valores, con $5.905 y una leve variación positiva del 0,30%.

A partir de allí el mercado de invernada comienza a mostrar otra actitud. Los 200 a 230 kilos retrocedieron 2,46% hasta $5.621, mientras que los 230 a 260 kilos bajaron 0,62% a $5.360. Las caídas se profundizan en los novillitos: el tramo 260 a 300 kilos perdió 4,03% y promedió $5.013, y el de 300 a 330 kilos cedió 3,64%, hasta $4.883.

La lectura es clara: hay mayor competencia por asegurarse el ternero liviano, mientras que el animal más pesado encuentra compradores más cautelosos, que afinan el lápiz frente al costo del dinero, el valor del maíz y la incertidumbre del gordo a salida.

El comportamiento de la invernada no sorprende si se observa la evolución que muestran los gráficos del informe. Desde fines del año pasado la reposición acumuló una recuperación importante, con una pendiente que se acentuó en las últimas semanas. Esa suba obliga ahora a una etapa de reacomodamiento, donde cada actor evalúa con mayor precisión la relación compra–venta.

Los factores que explican esta dinámica se combinan en un mismo plano. Por un lado, la oferta comienza a ordenarse luego de los movimientos típicos de fin de año y eso quita presión alcista inmediata. Al mismo tiempo, la demanda busca mercadería para no perder ritmo productivo, pero intenta evitar convalidar precios que puedan comprometer el margen más adelante. A esto se suma un clima que, según la región, obliga a muchos productores a decidir ventas o compras con mayor anticipación, reduciendo el margen para especular.

En este contexto, el mercado deja un mensaje concreto: la invernada sigue teniendo interés, pero el negocio es cada vez más profesional y menos impulsivo. El comprador prioriza calidad, sanidad y plazos de pago, mientras que el vendedor entiende que el momento favorable aparece sobre todo en los livianos.

El arranque del año comercial, entonces, confirma una tendencia que probablemente se repita en los próximos meses: firmeza para el ternero chico, mayor selectividad para el resto y una plaza que premia la eficiencia por encima del volumen.


Las terneras de 150 a 170 kilos fueron protagonistas, con un valor promedio de $5.850 y una mejora semanal del 5,76%. También mostraron firmeza las 130 a 150 kilos, que alcanzaron $6.035, avanzando 7,92%, una de las variaciones más importantes del tablero.

En el segmento intermedio de la invernada, las 170 a 190 kilos se ubicaron en $5.517, con una suba del 3,49%. Sin embargo, al incrementar el kilaje el mercado comenzó a mostrar cierta moderación: las 190 a 210 kilos retrocedieron 1,72% hasta $5.283.

La misma conducta se reflejó en las vaquillonas. Las 210 a 250 kilos promediaron $5.131, con una baja del 1,69%, mientras que las 250 a 290 kilos ajustaron 0,22% hacia abajo y quedaron en $4.789.

La tendencia expone un patrón similar al de los machos: el productor busca vientres jóvenes que permitan proyectar el negocio, pero se vuelve más cuidadoso cuando el capital invertido es mayor. La relación con el valor del ternero futuro, la financiación y la disponibilidad forrajera pasan a ser determinantes en cada decisión.

Los gráficos de evolución mensual ayudan a entender el fenómeno. La curva viene en ascenso desde hace varios meses y eso obliga a recalcular permanentemente. La reposición dejó de ser simplemente una necesidad productiva para convertirse en una inversión que debe cerrar por todos lados.

Detrás de los números aparece un conjunto de variables que operan al mismo tiempo. La expectativa de mediano plazo sigue siendo favorable para quien logre sostener producción, pero en el corto el productor enfrenta costos relevantes y necesita preservar liquidez. El clima, con temperaturas exigentes y disparidad de lluvias, agrega otro componente que empuja a priorizar seguridad antes que volumen. Así, cada compra se analiza con más información y menos impulso.

Lo que sobresale es que la intención de apostar a la cría está vigente. No hay señales de liquidación ni de retirada; por el contrario, existe vocación de armar rodeos más eficientes. Pero esa decisión viene acompañada por una fuerte selección, donde genética, estado corporal y condiciones comerciales pesan tanto como el precio final.

En síntesis, la plaza de la invernada continúa activa, aunque más racional. Las terneras livianas capturan la mayor competencia, mientras que las categorías pesadas encuentran un mercado que negocia más. El mensaje vuelve a repetirse: el negocio está, pero exige planificación.