Inundaciones: un eco que aún resuena en los campos bonaerenses


El 2025 quedó atrás, pero sus huellas aún persisten en el campo argentino. Uno de los focos de mayor preocupación fueron las inundaciones que sufrió parte de la provincia de Buenos Aires, con cerca de 6 millones de hectáreas afectadas y pérdidas económicas significativas. En diálogo con DeCampoaCampo, representantes de Saladillo y de Urdampilleta, partido de Bolívar, contaron cómo es la situación actual tras un año de intensas lluvias.

Situación tan compleja como atípica

Ignacio Bustingorri, presidente de la Sociedad Rural de Saladillo, detalló cómo fueron las inundaciones en la zona: “La inundación arrancó el 8 de marzo y recién pudimos volver a entrar con camiones en diciembre. Estuvimos casi 9 meses inundados y lo más complicado fue el mes de mayo, cuando cayeron más de 400 milímetros”. En total, el partido de Saladillo recibió en 2025 más de 1.300 milímetros.

Pero la complejidad de las inundaciones no estuvo solo en la cantidad de agua caída, sino también en la duración en el tiempo. “Hemos estado inundados ya en 2012 o 2015, pero por 70 o a lo sumo 90 días. Nunca como en este caso, que fue todo el invierno e incluso más”, contó Bustingorri.

Las inundaciones fueron menos traumáticas en Urdampilleta, en el partido de Bolívar, pero allí el agravante tuvo una fecha en particular. “Se agravó la situación el día del temporal (4-5 de noviembre), porque llovió muchísimo de golpe y con viento. Ahí se inundó mucho y se cortaron los caminos de acceso a los campos, algunos de los cuales siguen hoy cortados”, afirmó el ingeniero agrónomo Javier Perdigón, consultado por DeCampoaCampo.

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Emergencia agropecuaria, ¿Ayuda real para el productor?

Debido a las inundaciones, rige hasta el 28 de febrero de 2026 la emergencia agropecuaria en los partidos de 25 de Mayo, Saladillo, Bragado, Lincoln, General Belgrano, Azul, Pilar y Bolívar. Pero hay preguntas que se imponen. ¿Alcanza? ¿Es una ayuda real para el productor? ¿Qué alternativas pueden pensarse?

“Los planes de emergencia están diseñados desde hace más de 60 años y honestamente no sirven para nada. En lugar de una ayuda son un saco de arena más pesado, porque después, cuando la inundación se va, uno tiene que pagar todos los impuestos de golpe”, fue la contundente respuesta de Bustingorri. En Saladillo hay entre 400 y 500 productores, pero menos de 25 se adhirieron a la emergencia agropecuaria.

La consideración no dista de la opinión de Perdigón, quien sostuvo que la emergencia agropecuaria declarada por las inundaciones “no sirve” y la definió como “pan para hoy y hambre para mañana”. El ingeniero agrónomo de Urdampilleta puso de ejemplo la carga impositiva: “Los impuestos se pueden prorrogar, pero no te los sacan. La prórroga no sirve, lo que sirve es que se asista al productor de alguna manera financiera para que pueda mirar hacia adelante”.

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El inmobiliario rural, bajo la lupa

Las inundaciones en Buenos Aires volvieron a poner en el centro de la escena al Impuesto Inmobiliario Rural, un impuesto que Bustingorri considera “muy nocivo” y más ante un contexto de complejidad para el agro bonaerense. “El primer problema que se genera acá, es que esos impuestos no vuelven en obras, porque salís al campo y está lleno de pozos, mandás un camión a cargar y termina encajado”, afirmo, por su parte, Jorge Perdigón.

“La provincia tiene una carga de casi igualar la renta, y la verdad que uno trabaja para pagar el impuesto inmobiliario y es una locura”, amplió Bustingorri, presidente de la Sociedad Rural de Saladillo. “A eso hay que sumarle la tasa de red vial municipal destinada al mantenimiento de los caminos rurales. El impuesto provincial y la tasa municipal son muy complejos porque se echa mano de eso para poder gastar la plata en otra cosa”, concluyó.

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Las obras del Salado, una deuda eterna con el campo

Otro eje de discusión en torno a las inundaciones sufridas en la provincia de Buenos Aires son las obras en la Cuenca del Río Salado, cuya ejecución ayudaría a prevenir los desastres causados por el exceso de lluvias. “La obra del Río Salado se arrancó hace más de 25 años. Se arrancó bien, pero faltan tramos. La plata para hacerlo está y estuvo siempre. Hoy en el fideicomiso que tiene los fondos hay más de 175 millones de dólares y sin embargo la obra está paralizada”, sostuvo Bustingorri.  

“Entiendo que uno puede decir es culpa de este o de aquel, pero los fondos están ahí y las obras no se hacen. Cuando uno se inunda por 9 meses y la respuesta es echarle la culpa al otro, a uno le importa poco. El Estado sigue siendo uno”, siguió el presidente de la Sociedad Rural de Saladillo. “Se han hecho algunos canales, pero la solución no es hacer canales. Si van a mandar agua hacia Bolívar, que sea una cuestión medida. No mandar toda el agua y que después se empiece a desparramar. Acá el problema no es solo el agua que llueve, sino el agua que entra por obras que han hecho en las sierras”, aseguró por su parte el ingeniero Jorge Perdigón.

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Entre alarmas y oportunidades

Las inundaciones fueron gran parte de la agenda del campo bonaerense durante 2025. Lo que viene ahora, es un horizonte que combina preocupación con una nueva ventana de oportunidades. “El que se dedica exclusivamente a la agricultura la va a pasar mal sobre todo en 2026, porque se ha sembrado muy poco. Todavía eso no se ve, porque en 2025 algo se pudo cosechar, pero lo que estamos viviendo ahora lo vamos a empezar a sufrir a partir de marzo o abril”, explicó Perdigón con respecto al partido de Bolívar.

Por el lado de Bustingorri, se animó a ser optimista, pero con la condición de un Estado que acompañe y planifique. “Los precios que tenemos tanto en terneros como en novillos en dólares son altísimos. Yo produzco con mi padre que tiene 82 años y él no se acuerda de un momento así en cuanto a precios. Eso hace que, si somos inteligentes para plantear buenas soluciones, podemos desarrollar un sector que da muchísimo trabajo. Con buenas políticas, el sector agropecuario puede proveer de soluciones mucho mejores, genuinas y duraderas”.

Los ecos de las inundaciones todavía resuenan en los campos bonaerenses, con alarmas encendidas y reclamos históricos que adquieren una necesidad urgente. La clave estará en no optar por ponerle un parche a la situación y, en cambio, orientarse hacia las soluciones estructurales.