Independiente cerró su travesía por Mendoza sin triunfos y con más dudas que certezas
Independiente finalizó su excursión por Mendoza sin victorias y con sensaciones encontradas. Tras la caída ante Independiente Rivadavia días atrás, el equipo dirigido por Gustavo Quinteros igualó 1-1 frente a Gimnasia de Mendoza por la séptima fecha del Torneo Apertura 2026, en un encuentro discreto que tuvo emociones concentradas en la primera etapa. El Rojo estuvo cerca de volver con las manos vacías, pero un zurdazo exquisito de Ignacio Malcorra evitó la derrota.
El arranque fue prometedor, aunque para el conjunto local. A los cinco minutos, Santiago Rodríguez sacó un remate formidable que sorprendió a Rodrigo Rey y abrió el marcador. El gol tempranero condicionó el desarrollo del partido y expuso falencias defensivas del equipo de Avellaneda, que mostró dificultades para acomodarse en el campo. El empate llegó sobre el cierre del primer tiempo, tras una jugada con rebotes que Malcorra capitalizó con calidad.
Decisiones fuertes y un vestuario en tensión
La previa del encuentro no estuvo exenta de movimientos internos. Quinteros sorprendió al dejar en el banco a Kevin Lomónaco, habitual titular en la zaga central. En su lugar, la dupla Fedorco-Valdéz arrancó por primera vez en el año. La decisión tuvo un trasfondo disciplinario tras una discusión subida de tono entre el entrenador y el defensor luego de la derrota anterior.
El cambio no pasó inadvertido en el funcionamiento del equipo Sin la salida clara que suele aportar Lomónaco, Independiente careció de precisión desde el fondo. Para colmo, el gol de Santiago Rodríguez llegó por ese sector, donde el local encontró espacios para perfilarse y rematar sin demasiada oposición. La apuesta táctica no dio resultado y terminó condicionando el rendimiento colectivo.

Sobre el cierre del partido, y tras la expulsión de Santiago Valdéz en tiempo adicionado, el propio Quinteros decidió el ingreso de Lomónaco por Abaldo. El movimiento reflejó la necesidad de reordenar una defensa que volvió a exhibir fragilidad en momentos clave.
Primer tiempo flojo y reacción insuficiente
La primera mitad dejó una imagen preocupante para el conjunto de Avellaneda. Gimnasia se mostró mejor plantado, con mayor vocación ofensiva y dominio territorial. Independiente apenas logró aproximarse al arco defendido por Petrucci en los minutos finales, cuando el trámite parecía completamente favorable al local. El empate fue demasiado premio para un equipo que había hecho poco para merecerlo.
Malcorra, hasta entonces intermitente, apareció en el momento justo. Tras un par de rebotes dentro del área, el mediocampista sacó un zurdazo de gran factura que se coló en el ángulo y selló el 1-1 parcial. La igualdad modificó el ánimo, aunque no transformó radicalmente el juego del Rojo.
En el complemento, el desarrollo se volvió más apagado. Gimnasia perdió intensidad y los cambios introducidos por su entrenador, Broggi, no lograron revitalizar el ataque. Independiente adelantó líneas, Malcorra participó más del circuito ofensivo y el equipo mostró una leve mejoría. Sin embargo, ninguno de los dos generó situaciones claras de peligro, ni siquiera en los minutos finales cuando el local contó con superioridad numérica tras la expulsión.
Un presente que exige reacción
El empate dejó lecturas mixtas para ambos equipos. Independiente, que había iniciado el año sin derrotas, acumula ahora dos partidos sin ganar. Aun así, con diez puntos, se mantiene en zona de playoffs, aunque con la obligación de recuperar regularidad para no complicar su panorama. La falta de contundencia y los altibajos defensivos comienzan a encender señales de alerta.
Para Gimnasia de Mendoza, el punto significó el primer empate en seis fechas, pero extendió a tres la racha sin triunfos. Con siete unidades, el Lobo se ubica en el puesto 13 y necesita reencontrarse con la victoria para escalar posiciones.

La travesía mendocina dejó a Independiente con más interrogantes que certezas. El equipo mostró carácter para evitar una nueva caída, pero sigue lejos de la solidez esperada. En un torneo parejo, cada detalle cuenta, y el margen de error se reduce jornada tras jornada.
