Con gol de Jordy Caicedo, Huracán se quedó con el clásico ante San Lorenzo 1-0
Huracán festejó en su casa y se regaló una noche que puede marcar un punto de partida. Con un cabezazo letal del ecuatoriano Jordy Caicedo, el Globo derrotó 1-0 a San Lorenzo en el Tomás Adolfo Ducó, consiguió su primer triunfo en el Torneo Apertura y desató una fiesta inolvidable en Parque Patricios.
Huracán impuso condiciones en el clásico
Los clásicos se ganan, suele decirse. Y Huracán lo entendió mejor. Fue más intenso, más decidido en las divididas y supo golpear en el momento justo frente a un rival que insinuó más de lo que concretó.
El marco fue impactante. Bengalas de humo rojo, banderas al viento y un recibimiento atronador empujaron al equipo de Diego Martínez desde el primer minuto. La gente jugó su partido y el equipo respondió.
El arranque mostró a dos conjuntos dispuestos a pelear cada pelota. San Lorenzo intentó imponer su habitual circulación, pero por momentos cayó en la ansiedad y aceleró de más. Huracán, en cambio, eligió la simpleza: presión, recuperación rápida y profundidad cuando encontraba espacios.
La primera advertencia seria llevó la firma de Caicedo. El delantero ganó en el área, pero su intento encontró la oportuna intervención de Gastón Hernández, que alcanzó a desviar cuando la jugada pedía red. Fue un aviso.

Porque el ecuatoriano, goleador del campeonato, necesita poco. Y en la siguiente oportunidad no perdonó.
Ya en el complemento, Huracán encontró premio a su insistencia. Centro preciso, salto perfecto y un frentazo que viajó abierto, lejos de cualquier intento de Orlando Gill. Golazo. Delirio en el Ducó. El 1-0 que bajó como un desahogo y que, de alguna manera, hacía justicia con lo que el trámite insinuaba.
A partir de allí, el Globo hizo lo que el contexto pedía. Se ordenó, achicó espacios y apostó a la solidez colectiva para defender la ventaja. San Lorenzo adelantó líneas y tomó la iniciativa, pero le costó transformar dominio territorial en situaciones claras.
La más peligrosa llegó con un remate incómodo de Alexis Cuello que terminó estrellándose en el poste derecho de Hernán Galíndez. Fue el susto más grande para Huracán en una segunda mitad en la que, más allá del empuje visitante, nunca pareció perder el control emocional.
El partido también tuvo polémicas y protestas sobre el cierre, con reclamos azulgranas hacia Yael Falcón Pérez. Sin embargo, nada modificó el rumbo de la noche. El pitazo final liberó todo.

Jugadores abrazados, tribunas en ebullición y el clásico que volvía a quedar en casa, algo que empieza a repetirse en los últimos años. Para Huracán significó mucho más que tres puntos: fue confianza, fue envión y fue la posibilidad de acomodar el campeonato después de un inicio complicado.
Para San Lorenzo, en cambio, quedó la sensación de que le faltó claridad en los metros decisivos y que pagó caro cada desajuste.
En Parque Patricios la historia fue roja y blanca. Con el sello de Caicedo, con carácter y con una multitud que empujó toda la noche.
La casa ganó. Y lo celebró como sólo se celebran los clásicos.
