El Gobierno confirma que la cosecha de girasol quedará en la historia tras 27 años


El girasol argentino se encamina a una campaña histórica. Según la primera proyección oficial difundida por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, la producción alcanzaría las 7,2 millones de toneladas, un volumen que no solo implica un salto del 34% respecto al ciclo pasado, sino que además superaría el récord vigente desde la campaña 1998/99, cuando se cosecharon 7,1 millones de toneladas.

Girasol récord después de 27 años

De confirmarse estas cifras, el país volverá a marcar un hito en un cultivo que, tras años de altibajos y pérdida de superficie frente a la soja y el maíz, encontró en las últimas campañas un renovado impulso productivo y comercial.

El primer dato clave es la superficie sembrada. La Dirección de Estimaciones Agrícolas ajustó al alza el área implantada hasta 3,1 millones de hectáreas, 100.000 más que lo previsto el mes anterior y la mayor extensión desde las 3,5 millones de hectáreas registradas en la campaña 1999/00. Este incremento no es menor: cuando el Gobierno publicó su primera estimación en agosto, el área proyectada era de 2,7 millones de hectáreas. Desde entonces, la cifra creció un 15%, reflejando el entusiasmo de los productores.

GIRASOL

El motor de esta expansión se encuentra principalmente en el norte del país. Provincias como Chaco y regiones comprendidas en la delegación Avellaneda, en el norte de Santa Fe, incorporaron más hectáreas al esquema girasolero. También el oeste de Santiago del Estero mostró dinamismo, consolidando al NEA y al norte santafesino como protagonistas del renacer del cultivo.

En términos de avance de cosecha, el informe oficial indica que ya se trilló el 38% de la superficie implantada a nivel nacional. Las labores finalizaron en Chaco, en el oeste santiagueño (delegación Quimilí) y en el norte de Santa Fe (delegación Avellaneda). Los rindes obtenidos fueron de 26,5 quintales por hectárea en Chaco, 22 qq/ha en Quimilí y 16 qq/ha en Avellaneda.

Este último valor refleja algunas dificultades puntuales. El reporte menciona que el menor rendimiento responde a situaciones complejas donde se combinaron excesos hídricos y planchado de suelos en determinadas áreas, junto con sectores que atravesaron déficit hídrico y, en algunos casos, severos ataques de pájaros. Esa heterogeneidad climática es habitual en campañas extensas y con amplia distribución geográfica.

Girasol

Sin embargo, el panorama general es ampliamente positivo. En las zonas donde se concentra la mayor superficie —principalmente en el centro y sur del área agrícola— el cultivo presenta un estado general bueno y transita mayoritariamente la etapa de llenado de grano en condiciones favorables. Si el clima acompaña en las próximas semanas, los rindes podrían consolidar la proyección récord.

Otro dato relevante es el aspecto sanitario. A diferencia de otras campañas donde enfermedades foliares o problemas de insectos generaron preocupación, en esta oportunidad no se reportaron inconvenientes severos por presencia de plagas o patologías de magnitud. Esta estabilidad sanitaria aporta previsibilidad en el tramo final del ciclo.

El crecimiento del girasol no solo responde a cuestiones agronómicas. También influyen factores económicos y estratégicos. La oleaginosa ofrece una alternativa atractiva en rotaciones, mejora la estructura del suelo y permite diversificar riesgos frente a la alta dependencia de la soja. Además, la demanda internacional de aceite y subproductos sostiene un mercado firme, que incentiva a los productores a apostar por el cultivo.

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De concretarse las 7,2 millones de toneladas, Argentina no solo recuperará el liderazgo histórico en volumen, sino que enviará una señal clara sobre la capacidad de respuesta del sector agrícola ante contextos favorables. Tras 27 años sin romper la marca de 1998/99, el girasol vuelve a posicionarse como uno de los grandes protagonistas del esquema productivo nacional.

El “mar amarillo” que ya se observa en amplias regiones del país no es solo una postal atractiva: es también el símbolo de una campaña que puede quedar grabada en los libros de récords del agro argentino.