Ganaderos europeos alzan la voz frente al acuerdo UE-Mercosur: “Exigimos igualdad, no ventajas”
Tras años de negociaciones y postergaciones, la Unión Europea dio luz verde al acuerdo comercial con el Mercosur, un paso que promete ampliar mercados y reducir barreras arancelarias. Sin embargo, mientras algunos gobiernos celebran la apertura económica, el sector ganadero europeo expresó un rechazo cada vez más contundente, al advertir que el tratado profundiza desequilibrios que ponen en riesgo su supervivencia.
La consigna que sintetiza el malestar —“No te pido que lo superes, iguálamelo”— resume el reclamo de productores que consideran que competir en igualdad de condiciones resulta hoy imposible. La discusión ya no se limita al comercio exterior, sino que alcanza temas sensibles como normas sanitarias, sostenibilidad y soberanía alimentaria.
Un acuerdo estratégico con apoyos y resistencias
El acuerdo entre la UE y el Mercosur fue aprobado por mayoría cualificada por los Estados miembros, habilitando la creación de una zona de libre comercio que abarcará a más de 700 millones de personas. Para Europa, el pacto abre la puerta a un mercado latinoamericano de unos 280 millones de consumidores y promete importantes ahorros en aranceles, especialmente para la industria y los servicios.
Desde Bruselas, la Comisión Europea sostiene que el tratado fortalecerá la competitividad de las empresas europeas y contempla cláusulas de salvaguardia para actuar ante posibles distorsiones del mercado. Estas herramientas permitirían frenar importaciones si se detectan perturbaciones graves en sectores sensibles, aunque su efectividad es puesta en duda por los productores.

Países alineados y una oposición firme
España y Alemania se ubicaron entre los principales defensores del acuerdo, al considerar que ampliará oportunidades comerciales y exportadoras. En ambos casos, los gobiernos destacan el potencial para colocar productos industriales y agroalimentarios con mayor valor agregado en Sudamérica.
En el extremo opuesto, Francia mantuvo una postura inflexible. El presidente Emmanuel Macron ratificó que su país no respaldará el acuerdo, argumentando que amenaza directamente al sector agropecuario. Según el mandatario, existe un consenso político interno en contra del tratado, impulsado por la presión de agricultores y ganaderos franceses.
La cautela de la industria cárnica española
En España, la Asociación Nacional de Industrias de la Carne (Anice) adoptó una posición prudente y matizada. Su director general, Giuseppe Aloisio, advirtió que el acuerdo no está exento de riesgos para sectores ganaderos sensibles y reclamó controles reales y exigencias estrictas de reciprocidad normativa.

Al mismo tiempo, Anice reconoció que, bajo determinadas condiciones, el tratado podría convertirse en una oportunidad a largo plazo para las industrias cárnicas con perfil exportador. Productos de alto valor añadido, con fuerte respaldo en calidad y trazabilidad, serían los mejor posicionados para competir en el nuevo escenario.
El reclamo ganadero y la “competencia desleal”
El tono más duro llegó desde la Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (Asoprovac), que difundió una carta abierta denunciando una profunda asimetría normativa entre la UE y los países del Mercosur. Según la entidad, el acuerdo avanza sin suficiente control democrático y desoye las advertencias del sector primario.
Entre los principales puntos de conflicto, los ganaderos señalan diferencias en seguridad alimentaria, uso de antibióticos, bienestar animal y exigencias medioambientales. Mientras en Europa rigen normas estrictas de trazabilidad y se prohíben prácticas como los promotores de crecimiento o la irradiación de carne, estas estarían permitidas en Sudamérica, generando costos hasta un 30% más bajos.

Impacto territorial y debate sobre soberanía alimentaria
Asoprovac también alertó sobre las consecuencias territoriales del acuerdo. La presión económica y la creciente carga burocrática, sostienen, aceleran el abandono de explotaciones familiares, fomentan la despoblación rural y ponen en riesgo la ganadería extensiva, clave para el equilibrio ambiental y la prevención de incendios forestales.
Finalmente, el sector puso el foco en el derecho del consumidor europeo a saber qué come y cómo se produce. “Con el comer no se juega”, advierte el documento, que reclama responsabilidad política para garantizar reglas parejas. Para los ganaderos, el futuro del campo europeo dependerá de que el acuerdo con Mercosur no se traduzca en una crisis irreversible para su modelo productivo.
