La ganadería como aliada de la biodiversidad: impulsan prácticas productivas con enfoque regenerativo


La compatibilización entre ganadería y conservación ambiental se posiciona como uno de los grandes desafíos del sector agropecuario. En ese contexto, especialistas de distintos países promueven prácticas que permiten mejorar la rentabilidad ganadera y, al mismo tiempo, fortalecer la biodiversidad, a partir de un manejo más planificado y racional de los recursos naturales.

Planificar el pastoreo, respetar los tiempos de recuperación de los pastizales y ajustar la carga animal aparecen como herramientas clave para lograr sistemas productivos más resilientes. Estas estrategias forman parte de líneas de investigación que buscan revertir procesos de degradación ambiental sin resignar productividad, especialmente en regiones donde la ganadería se desarrolla sobre ecosistemas nativos.

El pastoreo planificado como herramienta regenerativa

La recuperación de la biodiversidad en sistemas productivos se consolidó como un eje estratégico para sostener la productividad en el mediano y largo plazo. En este marco, el pastoreo planificado surge como una herramienta central para recomponer funciones ecológicas degradadas, mejorar la salud del suelo y fortalecer la estabilidad de los paisajes rurales.

Rodrigo Tizón, investigador del INTA Bordenave e integrante del proyecto internacional CurveBend, explicó que el manejo racional del pastoreo en la ganadería, los descansos estacionales y la asignación variable de la carga animal permiten recuperar biodiversidad y, al mismo tiempo, sostener la rentabilidad de los sistemas ganaderos. Según indicó, estas prácticas reducen el estrés sobre los pastizales naturales y favorecen su regeneración.

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Beneficios productivos y ambientales

Entre los principales beneficios del pastoreo bien planificado en la ganadería se destaca la mejora en la infiltración del agua y el aumento de la materia orgánica del suelo, factores clave para la productividad forrajera y la resistencia frente a eventos climáticos extremos. Además, se registra una mayor presencia de plantas nativas, incluidas gramíneas perennes con raíces profundas.

“El pastoreo bien planificado puede funcionar como un proceso regenerativo”, señaló Tizón, al explicar que estimula el rebrote vegetal, redistribuye nutrientes y promueve la cooperación entre especies. De este modo, se reduce la vulnerabilidad frente a sequías y se fortalece la capacidad de recuperación del sistema productivo.

Indicadores para medir la salud de los pastizales

En paralelo, los equipos de investigación avanzan en el diseño de herramientas que permitan evaluar el estado de los pastizales y orientar las decisiones de manejo. El desarrollo de indicadores de salud ecosistémica resulta clave para evitar la sobrecarga y el uso excesivo de áreas sensibles.

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Entre los parámetros analizados se incluyen la riqueza florística, la estructura de la vegetación, la cobertura verde y distintos indicadores fisicoquímicos y biológicos del suelo. Estos datos permiten ajustar las estrategias de pastoreo en la ganadería y promover un uso más equilibrado del territorio, alineando objetivos productivos y ambientales.

CurveBend: una iniciativa global con impacto local

Las investigaciones se desarrollan en el marco de CurveBend, un proyecto internacional financiado por la Dutch Research Council (NWO) que se extenderá entre 2025 y 2032. La iniciativa reúne especialistas de la Argentina, Países Bajos, Kenia y Tanzania con el objetivo de identificar prácticas ganaderas que mejoren la biodiversidad sin comprometer los niveles productivos.

Según Manuela Fernández, investigadora de la EEA Bariloche, el proyecto evalúa estrategias como el manejo ganadero regenerativo y la conservación de árboles maduros en bosques nativos, fundamentales para sostener hábitats, regular el microclima y conservar la diversidad de aves e insectos.

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Territorios, producción y conservación en Argentina

En Argentina, los sistemas ganaderos involucrados se asientan sobre bosques y pastizales nativos. En regiones como Entre Ríos predominan los bosques xerófilos del Espinal, con especies como ñandubay, algarrobo negro y espinillo, cuya estructura depende en gran medida del manejo ganadero, explicó Noelia Calamari, investigadora del INTA Paraná.

En el sudoeste bonaerense, en cambio, el paisaje original estuvo dominado por pastizales abiertos, hoy reducidos por el avance agrícola y la intensificación productiva. Frente a este escenario, el trabajo articulado entre productores, técnicos e instituciones busca fortalecer una ganadería que integre producción y conservación, reduciendo la pérdida de biodiversidad y promoviendo paisajes rurales más sostenibles.