Ganadería: el stock de novillos, el desafío del 2026
El movimiento de hacienda registrado a lo largo de 2025 dejó señales claras de mayor dinamismo productivo en la ganadería argentina. Hubo más terneros saliendo de los campos de cría, una recuperación gradual de la recría a campo tras la sequía y un rol cada vez más protagónico de los feedlots dentro del sistema. Sin embargo, detrás de esa foto más activa persiste un problema estructural que la cadena no logra resolver: la escasez de novillos.
El gran desafío de la ganadería para 2026
Así lo plantea el último análisis sectorial elaborado por Rosgan, basado en los datos de traslados de hacienda informados por Senasa. El informe pone números concretos a una preocupación recurrente del sector: el stock de novillos continúa muy por debajo de los niveles históricos y hoy representa menos de la mitad de lo que había antes de la fuerte contracción que sufrió la ganadería argentina entre 2008 y 2010. Se trata de una categoría clave, especialmente para abastecer de manera sostenida los mercados de exportación de carne bovina.

El trabajo toma como punto de partida el stock de terneros y terneras al 31 de diciembre de 2024, estimado en 14,6 millones de cabezas. A partir de ese volumen, durante 2025 se trasladaron desde los establecimientos de cría unos 10,7 millones de animales, lo que equivale al 73% del total disponible. Según destaca Rosgan, se trata del mayor movimiento relativo de terneros de los últimos años, superando ampliamente el promedio del 67% registrado en los últimos ocho ciclos productivos, incluso con una disponibilidad inicial similar a la del año previo.

Ese dato confirma un año récord en términos de salida de terneros de los campos de cría y refleja una mayor fluidez del sistema. Del total movilizado, alrededor de 2,53 millones de animales ingresaron de manera directa a feedlots, lo que representa el 23,7%. El 76,3% restante se trasladó a otros establecimientos, donde continuó su proceso de recría o invernada pastoril.

Para Rosgan, esta distribución permite inferir una recuperación de los procesos de recría a campo, luego del fuerte impacto que había dejado la sequía sobre los sistemas pastoriles. No obstante, el informe aclara que, si bien hay una mejora, todavía no se alcanzan los niveles de recría observados en años anteriores a los eventos climáticos adversos.
La menor proporción de terneros enviados directamente a corrales no implicó, sin embargo, una caída del engorde a corral. Por el contrario, el análisis señala que esta recuperación de la recría se da en un contexto de alto nivel de encierre, con más de 5 millones de animales ingresando anualmente a feedlots. En ese esquema, se observa un cambio relevante en la composición de los ingresos: crece la participación de novillos y novillitos recriados previamente a campo, que hoy explican cerca del 30% de los animales que entran a los sistemas intensivos.
Este mayor protagonismo de los feedlots también se refleja con claridad en la faena. Entre enero y diciembre de 2025 se trasladaron a faena 14,15 millones de vacunos, de los cuales 4,49 millones provinieron de corrales de engorde. En términos relativos, el 32% de los animales faenados tuvo origen en feedlots, un porcentaje superior tanto al registro de 2024 como al promedio de los últimos cinco años.

Dentro de ese total, los novillos representaron el 23,5% de los envíos a faena desde corrales, un valor que se ubica por encima del 21% promedio del último lustro. Incluso así, el dato no alcanza para modificar la tendencia de fondo. El último registro de stock disponible, correspondiente al cierre de 2024, muestra apenas 2,23 millones de novillos en el rodeo nacional.
Según remarca Rosgan, se trata de “menos de la mitad de lo que se contabilizaba antes de la caída de los años 2008-2010” y de una señal clara de que la reconstrucción de esta categoría sigue siendo una deuda pendiente. Más aún, el informe advierte que en los últimos años el stock de novillos no solo no creció, sino que continuó retrayéndose, afectado por la combinación de adversidades climáticas y, principalmente, por la falta de previsibilidad del negocio ganadero a nivel local.

Esta debilidad estructural también se refleja en la composición de la faena total. Luego de haber alcanzado una participación cercana al 26% en 2021 y 2022, los novillos volvieron a perder peso relativo y cayeron al 24% en los últimos tres ciclos. Con una faena de novillitos relativamente estable, el faltante de machos pesados fue cubierto, en gran medida, por las vaquillonas, cuya participación creció en la misma proporción en que retrocedieron los novillos.
El diagnóstico de Rosgan es claro: aun con señales positivas en el movimiento de hacienda y una mejora en los procesos productivos, la ganadería argentina sigue sin resolver el desafío de reconstruir el stock de novillos. Un objetivo clave no solo para potenciar las exportaciones, sino también para darle mayor equilibrio y previsibilidad a un sistema que, pese a su dinamismo, continúa condicionado por decisiones de corto plazo y un contexto que dificulta pensar en ciclos más largos de producción.
