La ganadería frente al nuevo escenario productivo del 2026
La cadena de la ganadería y carnes atraviesa un momento de tensiones y señales cruzadas. Mientras la faena vacuna profundiza su caída y el stock de vientres no logra recomponerse, los precios de la hacienda se mantienen firmes, aun con un consumo doméstico que muestra signos de fatiga en el mostrador. En este contexto, el consultor Ignacio Iriarte analizó en diálogo con TodoAgro los principales indicadores del sector en un reporte especial para FIFRA y delineó las tendencias que marcan el pulso del mercado.
Faena en retroceso y oferta ajustada
Según Iriarte, la caída en la faena que ya se había observado entre septiembre y diciembre del año pasado se aceleró en el inicio de 2026. En enero, la matanza diaria resultó 8% inferior a la del mismo mes del año anterior y, en la primera parte de febrero, la oferta ganadera continuó en niveles muy bajos.
La pregunta que sobrevuela a la ganadería es si se trata de un cambio de fase en el ciclo ganadero —con retención de vientres para recomponer stock— o simplemente de una retención estacional. Lo cierto es que, por el momento, la oferta de carne resulta insuficiente para abastecer un consumo interno que se resiste a perforar el piso de los 45 kilos per cápita y para atender una exportación que consolida cuotas relevantes en China, la Unión Europea y Estados Unidos.
A nivel internacional de la ganadería, tanto los precios de la carne vacuna como los volúmenes exportados globalmente mostraron crecimiento en enero. “Hay demanda, no hay hacienda”, sintetiza Iriarte, describiendo un mercado en el que la escasez de oferta sostiene valores firmes en la compra de ganado.

Stock de ganadería estancado y destete sin recuperación
En cuanto al stock de la ganadería, los datos preliminares de la Segunda Campaña de Vacunación contra la aftosa 2025 refuerzan la hipótesis de que el destete 2026 —correspondiente a la parición 2025 y servicio 2024— no mostrará recuperación significativa.
Si bien el índice de preñez del servicio 2024 fue considerado bueno, el número de vientres expuestos fue menor. Es decir: mejores tasas reproductivas, pero sobre una base más chica de vacas en producción. El resultado sería un destete nacional en el orden de 14,4 a 14,5 millones de terneros, apenas por debajo del bienio 2024/2025, pero lejos de los 15,4 millones registrados en 2023. En los últimos veinte años, en al menos ocho oportunidades el país superó los 15 millones de crías destetadas.
Como muestra parcial, en la provincia de Entre Ríos y en el partido bonaerense de Ayacucho se contabilizaron 1,47 millones de terneros en la última campaña, un 2,3% menos que en la primavera anterior. Ese universo representa cerca del 10% de los nacimientos nacionales, lo que permite proyectar una oferta restringida también para 2026 y 2027.
La recomposición del rodeo de cría aún no comenzó de manera visible. En enero, la participación de hembras en la faena fue del 47,3%, el quinto registro más alto para un primer mes del año en los últimos 25 años. Este dato indica que todavía no se observa una retención decidida de vientres que permita anticipar un giro estructural del ciclo.

Consumo firme y competencia entre carnes
En el frente doméstico para la ganadería, el consumo per cápita de carne vacuna continúa entre los más altos del mundo. En 2025, Argentina habría alcanzado los 49,9 kilos por habitante, mientras que Uruguay se ubicó en 49,4 kilos, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC). Ambos países disputan históricamente el primer lugar global.
En Uruguay, cerca de un tercio de la carne vacuna consumida provino de Brasil y Paraguay. En Argentina, en cambio, la carne importada —casi toda desde Brasil— no supera el 1% del total consumido.
Si se suman todas las carnes (vacuna, aviar, porcina y ovina), el consumo total argentino alcanzó los 116,5 kilos per cápita en 2025, un 6% más que el año anterior. La carne vacuna pasó de 48 a 50 kilos; el cerdo, de 17 a 19; y el pollo, de 45 a 48 kilos por habitante.

La expansión de la carne aviar y porcina responde en parte al elevado precio relativo de la carne vacuna y al bajo costo de los granos, que abarata la alimentación animal. Así, mientras la hacienda vacuna escasea y se valoriza, otras proteínas ganan terreno en la mesa de los argentinos.
El escenario de la ganadería que describe Iriarte es claro: oferta ajustada, stock que no se recompone y precios firmes en un mercado donde la demanda —interna y externa— sigue activa. El desafío será determinar si la retención se consolida y permite recomponer el rodeo o si la restricción de hacienda prolonga la tensión sobre los valores en los próximos años.
Fuente: TodoAgro
