La ganadería gana terreno en Mendoza y abre una nueva etapa productiva
El crecimiento de la ganadería comienza a consolidarse como uno de los cambios productivos más relevantes en el sur de Mendoza. En zonas tradicionalmente vinculadas a la vitivinicultura y la horticultura, cada vez más productores optan por reconvertir parte de sus campos hacia la producción ganadera, impulsados por la rentabilidad y el menor nivel de riesgo de la actividad. Para el gobierno provincial, lejos de representar una amenaza para los cultivos históricos, este proceso forma parte de una diversificación productiva que puede fortalecer la economía regional.
A fines de 2025 ya se observaban señales claras de esta transformación, sobre todo en el sudoeste mendocino. En ese contexto, la ganadería comenzó a posicionarse como una alternativa cada vez más elegida, lo que también abre la puerta al desarrollo de pasturas y cultivos de servicio vinculados a la actividad pecuaria.
“A mí me sorprendió la cantidad de productores que eligieron reconvertirse. La rentabilidad y el bajo riesgo de este cultivo los ha llevado a elegirlo por sobre otros más tradicionales de la provincia”, había señalado a Infocampo meses atrás Andrés Vavrik, delegado del Ministerio de Producción en la zona Sur, al describir el cambio que atraviesan varios establecimientos rurales.

Renovación de rodeos y más genética
El crecimiento de la ganadería también fue destacado recientemente por la Asociación Argentina de Angus, que detectó un aumento en la renovación y ampliación de rodeos en la región. La entidad, que nuclea a productores de una de las razas bovinas más difundidas del país, observa una creciente demanda de genética adaptada a los sistemas productivos del sur mendocino.
“Yo produzco en La Pampa y nosotros tenemos una prueba pastoril pampeana, de toros criados a pasto muy rústicos. Cuando se hacen los remates, muchos compradores vienen del sur de Mendoza”, explicó Amadeo Derito, presidente de la asociación.
Según el dirigente, la incorporación de genética y nuevas pasturas abre un potencial de crecimiento importante para la ganadería en esa región, donde las condiciones climáticas y la disponibilidad de tierras ofrecen oportunidades para ampliar la producción bovina.
Una diversificación que el Gobierno ve con buenos ojos
Desde el gobierno provincial siguen de cerca este proceso. En diálogo con Infocampo, el ministro de Producción de Mendoza, Rodolfo Vargas Arizu, aseguró que el avance de la ganadería no debe interpretarse como un riesgo, sino como parte de una evolución natural de la matriz productiva.

“Hay una sensación instalada de que todo está mal, pero los datos económicos duros son buenos”, afirmó el funcionario. En ese sentido, destacó que el contexto macroeconómico actual, con mayor estabilidad cambiaria y crecimiento económico, favorece las decisiones de inversión en el sector agropecuario.
Vargas Arizu sostuvo además que la transición hacia un esquema de mayor libertad de mercado obliga a los sectores productivos a adaptarse. “No todos los sectores crecen de la misma manera, porque hay que pasar de un modelo de Estado muy presente a uno con mayor libertad. Eso requiere eficiencia”, explicó.
Nuevas oportunidades para el agro mendocino
Para el ministro, el desafío pasa por ampliar la matriz productiva de la provincia. Mendoza, tradicionalmente asociada al vino y a la horticultura, tiene potencial para fortalecer otras actividades vinculadas al agro.
Entre ellas mencionó la ganadería, la producción de pasturas y la semilla híbrida de exportación, rubros que podrían crecer gracias a las condiciones climáticas y al conocimiento técnico que poseen los productores locales.
“Mendoza tiene una forma de trabajar la horticultura que no tiene otra provincia. Somos hortícolas de profesión, y eso se refleja en la producción”, señaló el funcionario, al recordar que gran parte del tomate que se consume en Argentina se produce en territorio mendocino.

¿Competencia con la vitivinicultura?
Uno de los interrogantes que surge frente al avance de la ganadería es si este proceso podría reducir la superficie destinada a la vitivinicultura, una de las actividades emblemáticas de la provincia. Para Vargas Arizu, esa posibilidad existe, pero no debe interpretarse de manera negativa. “Sí, la ganadería puede quitarle superficie a la vid, pero no es un riesgo, es una virtud”, afirmó.
El ministro explicó que la clave está en que los productores puedan elegir qué actividad desarrollar en función de su rentabilidad y de las condiciones del mercado. “Estamos en un esquema de libertad de mercado. Que alguien pueda decidir si le conviene más producir una cosa u otra es algo positivo”, sostuvo.
