Ganadería 2026 y señales de un nuevo ciclo: ¿menos faena y más retención?


La ganadería argentina comenzó 2026 con señales claras de reacomodamiento. La caída de la faena vacuna registrada en enero no hizo más que confirmar una tendencia que se viene consolidando desde mediados de 2025: menos animales enviados a frigorífico, mayor retención en los campos y un consumo interno que continúa ajustándose a la baja. En ese contexto, la ganadería parece ingresar en una nueva fase del ciclo productivo.

Las perspectivas de la ganadería para 2026

Los datos oficiales de enero dejaron poco margen para las dudas en la ganadería. Según los registros del Senasa, durante el primer mes del año se solicitaron permisos para enviar a faena 1,065 millón de cabezas, un volumen que resultó 9% inferior al de enero de 2025. Lejos de tratarse de un fenómeno puntual, la retracción se inscribe en una secuencia que se repite desde agosto del año pasado, con descensos interanuales de magnitud similar.

Con un peso promedio de res cercano a los 231 kilos, la producción de carne del mes se estimó en torno a las 246.000 toneladas. De ese total, unas 66.000 toneladas fueron certificadas para exportación, mientras que el resto quedó disponible para abastecer al mercado interno. La menor oferta se reflejó rápidamente en los indicadores de consumo, que volvieron a mostrar una contracción.

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El consumo aparente de carne vacuna se ubicó en enero en 46,5 kilos por habitante por año, un nivel 2% inferior al promedio de diciembre y también por debajo del registro medio de 2025, cuando superaba los 49 kilos per cápita. Así, el ajuste del consumo interno continúa siendo una de las variables que acompaña este proceso de menor faena.

Sin embargo, la caída en la cantidad de animales faenados fue parcialmente compensada por un incremento en los kilos obtenidos por res. Este dato, lejos de ser anecdótico, marca un cambio de estrategia en los sistemas productivos. La lógica que se impone ya no es la de vender rápido, sino la de extender los ciclos de engorde y capturar mayor peso por animal antes de la salida a faena.

El contexto productivo de la ganadería ayuda a explicar este comportamiento. Las lluvias registradas durante la primavera y el comienzo del verano mejoraron la disponibilidad de forraje en muchas regiones ganaderas, reduciendo la presión de venta. A esto se sumó una relación maíz/carne más favorable, que volvió más atractivo el engorde a corral y permitió sostener animales durante más tiempo tanto en campos como en feedlots.

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Con mejores condiciones y precios que acompaña a la ganadería , la urgencia por desprenderse de la hacienda se diluyó. La retención volvió a ganar protagonismo y empezó a reflejarse en todos los eslabones de la cadena, desde la menor faena hasta la firmeza de los valores en el mercado de hacienda.

Las consecuencias de este proceso ya se proyectan hacia los próximos meses. Los analistas coinciden en que durante el primer cuatrimestre del año la oferta de animales seguirá siendo limitada, con menos cabezas disponibles para la industria frigorífica. Más adelante podría aparecer un mayor volumen, pero principalmente a partir de animales más pesados, lo que no alcanzaría a compensar la menor cantidad de cabezas faenadas.

Las estimaciones preliminares para la ganadería hablan de una reducción cercana al millón de animales en el total anual, lo que implicaría una caída del orden del 7% en la faena de 2026. Un ajuste que comenzó a confirmarse en enero y que marcará buena parte del pulso del mercado ganadero a lo largo del año.

Con menos oferta, mayor retención y un consumo interno que sigue acomodándose, el sector parece encaminarse hacia una nueva etapa del ciclo ganadero, donde el equilibrio entre producción, precios y destinos de la carne volverá a ser el eje central de las decisiones.

Con información de ZonaCampo