Los frigoríficos enfrentan un escenario crítico y anticipan un año complejo


El presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), Daniel Urcía, advirtió que los frigoríficos atraviesan un escenario delicado y anticipó que “se avecina un año especialmente difícil para la industria”, en un contexto marcado por la caída de la actividad, el aumento de costos y la falta de financiamiento.

La advertencia llega luego de dos meses consecutivos de baja en la faena vacuna, un indicador que refleja el menor nivel de actividad en la cadena. Según el dirigente, el panorama ya se traduce en el cierre de frigoríficos y en cambios en la organización productiva de varias empresas del sector.

Cierre de establecimientos

Entre fines del año pasado y el comienzo de este año dejaron de operar tres plantas con habilitación exportadora ubicadas en Bahía Blanca, Bernasconi y General Pico. Se trata de frigoríficos que, en conjunto, habían faenado más de 172.000 cabezas durante 2025, lo que muestra el impacto que estas decisiones tienen sobre el volumen de actividad.

A ese escenario se suma una estrategia defensiva adoptada por otras compañías. Algunas plantas que siguen operativas comenzaron a reprogramar su producción, lo que implica reducir turnos o modificar los días de trabajo para adaptarse a un contexto económico cada vez más exigente.

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Problemas financieros y alerta por la informalidad

Uno de los factores que más preocupa a los frigoríficos es la falta de financiamiento. Según explicó Urcía, la cadena de ganados y carnes hoy se sostiene prácticamente con recursos propios, ya que muchas empresas no logran acceder a créditos bancarios para la compra de hacienda.

Esta situación generó un cambio en la dinámica comercial. Los plazos de pago se han extendido de manera significativa, lo que provoca un descalce financiero y termina agotando el capital de trabajo de los frigoríficos.

A esta dificultad se suma otro obstáculo operativo. La demora en la devolución de reintegros de IVA por parte de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) agrega presión sobre la liquidez de las empresas, limitando su capacidad para sostener el ritmo de actividad.

En paralelo, el dirigente alertó por el crecimiento de la faena marginal en zonas rurales. La expansión de circuitos informales de producción preocupa al sector, ya que compite con la actividad registrada y pone en riesgo tanto la sanidad como el empleo formal.

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Costos en alza y presión sobre el consumo

El contexto económico también impacta en los costos de producción. Tras subas cercanas al 70% en el valor de la hacienda, que duplicaron los índices de inflación general, los precios de la carne parecen haber alcanzado un techo, lo que limita la posibilidad de trasladar nuevos aumentos al consumidor.

Para los frigoríficos, esta situación genera una doble presión. Por un lado, el encarecimiento de la materia prima redujo el capital disponible para operar; por otro, continúan aumentando los costos operativos, como energía eléctrica, gas, combustibles y salarios.

La consecuencia para los frigoríficos es un ajuste cada vez más complejo entre costos y precios finales. La industria debe absorber parte de esas subas en un contexto de consumo debilitado, lo que afecta la rentabilidad y complica la planificación productiva.

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La competencia de otras proteínas

La pérdida de poder adquisitivo también modificó los hábitos de consumo. La carne vacuna enfrenta una competencia creciente de otras proteínas más económicas, lo que genera una brecha cada vez mayor en los precios relativos.

Datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) muestran que con el valor actual de un kilo de asado se pueden comprar cerca de 3,94 kilos de pollo, una relación que se acerca al máximo histórico registrado en 2022.

La diferencia también se amplió frente a la carne de cerdo. Hoy la relación de precios es de aproximadamente dos a uno, el nivel más alto de los últimos cuatro años, lo que favorece el crecimiento del consumo de esta proteína.

Para Urcía, el cerdo se está posicionando cada vez más como una alternativa para el bolsillo del consumidor. El dirigente señaló además que se trata de un sector muchas veces “invisibilizado” en las estadísticas oficiales, ya que las mediciones del índice de precios aún utilizan patrones de consumo elaborados hace dos décadas.