Altas temperaturas: las claves del SENASA para proteger a los equinos del estrés térmico
Con la llegada del verano y el aumento sostenido de las temperaturas, el bienestar de los equinos se convierte en una prioridad sanitaria y productiva. Ante este escenario, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) difundió una serie de recomendaciones destinadas a prevenir el estrés térmico en caballos, una condición frecuente que puede afectar seriamente su salud, desempeño y calidad de vida.
El organismo nacional apunta tanto a productores y propietarios como a cuidadores, jinetes y transportistas, con el objetivo de minimizar los efectos del calor extremo, ya sea en establecimientos rurales, caballerizas, ámbitos deportivos o durante el traslado de los animales.
Qué es el estrés térmico y por qué afecta a los equinos
El estrés térmico se produce cuando los animales son expuestos a condiciones ambientales que superan su zona de confort térmico y no logran regular adecuadamente su temperatura corporal. En los equinos, esta situación es especialmente común durante el verano, en ambientes cálidos y húmedos, y en animales sometidos a trabajo físico o exigencia deportiva.
La capacidad de adaptación al calor varía según la raza. Los caballos livianos y deportivos, como el Árabe o el Sangre Pura de Carrera, suelen tolerar mejor las altas temperaturas, mientras que las razas más pesadas, como las de tiro, presentan mayor resistencia al frío pero son más vulnerables al calor. A esto se suma el factor del traslado: muchos equinos recorren largas distancias dentro del país para participar en competencias, lo que incrementa el riesgo de estrés calórico.

Señales de alerta: cómo identificar el estrés térmico
Reconocer los signos tempranos es clave para evitar consecuencias graves. Entre los indicadores conductuales más frecuentes, SENASA menciona el jadeo intenso, las fosas nasales dilatadas, movimientos repetitivos de la cabeza y una marcada sudoración, especialmente en el cuello y el lomo, más aún si el animal lleva montura o recado.
Desde el punto de vista fisiológico, el estrés térmico en equinos puede manifestarse con aumento de la temperatura corporal, mayor frecuencia cardíaca y respiratoria, letargia y menor respuesta a estímulos externos. También suele observarse una reducción en el consumo de alimento y un aumento en la ingesta de agua debido a la deshidratación.
Manejo diario: estrategias para prevenir el impacto del calor
Existen múltiples medidas de manejo que pueden marcar la diferencia. Proveer sombra adecuada en corrales y potreros, ya sea mediante árboles o estructuras con media sombra de al menos 80% de densidad, es una de las recomendaciones centrales.

En animales estabulados, es fundamental asegurar una buena ventilación natural, manteniendo abiertas puertas y ventanas, o incorporando ventiladores. Mojar los pasillos puede ayudar a refrescar el ambiente, aunque se recomienda mantener la cama seca y en buen estado. Además, contar con techos con aislación térmica reduce significativamente la acumulación de calor.
Agua, alimentación y actividad física: factores determinantes
La hidratación es un punto crítico. Un caballo puede consumir entre 30 y 45 litros de agua por día, cantidad que aumenta con el calor o el ejercicio. Por eso, el acceso permanente a agua fresca y limpia es indispensable.
En cuanto a la alimentación de los equinos, se sugiere priorizar dietas basadas en pasturas y forrajes, reduciendo el uso de concentrados, y ajustar los horarios de suministro para evitar las horas de mayor temperatura. Tras la actividad física, mojar el pelaje ayuda a disipar el calor, siempre evitando los momentos de mayor intensidad térmica.

Transporte seguro y horarios adecuados
El traslado de equinos durante el verano requiere cuidados especiales. SENASA recomienda realizar los movimientos temprano por la mañana o al atardecer, utilizando vehículos habilitados y con adecuada ventilación, según lo establece la Resolución N.º 723/25.
Durante el transporte, el estrés por calor puede aparecer incluso a partir de los 18 °C, por lo que es clave garantizar la circulación de aire fresco y evitar paradas innecesarias. En viajes largos, el suministro de agua resulta esencial para preservar el bienestar animal.
Ante cualquier duda, SENASA recomienda consultar con un veterinario o acercarse a la oficina más cercana del organismo. El cuidado adecuado frente al calor es una responsabilidad compartida que impacta directamente en la calidad de vida de los animales y en la sustentabilidad de las actividades ecuestres.
