Crecen las expectativas por el posible regreso del fenómeno El Niño en 2026
El posible regreso del fenómeno climático El Niño volvió a generar expectativa entre científicos de la Argentina y organismos meteorológicos internacionales. Aunque su formación depende de múltiples variables y resulta difícil de anticipar con demasiada precisión, distintos centros de monitoreo consideran que 2026 podría marcar el retorno de este patrón climático global, cuya última aparición se registró hace aproximadamente dos años.
El Niño se origina en el océano Pacífico tropical y tiene la capacidad de alterar los patrones climáticos en distintas regiones del planeta. Dependiendo de su intensidad, puede provocar lluvias intensas en algunas zonas y sequías en otras, con consecuencias que afectan a la agricultura, la disponibilidad de agua y diversas actividades económicas.
Cómo se produce el fenómeno y cuáles son sus efectos
El fenómeno El Niño se desarrolla cuando las aguas cálidas del Pacífico occidental comienzan a desplazarse hacia América, especialmente hacia las costas de América del Norte y del Sur. Este movimiento modifica la circulación atmosférica y genera cambios en el comportamiento del clima a escala global.
Como resultado, algunas regiones registran precipitaciones mucho más intensas que lo habitual, mientras que otras atraviesan períodos prolongados de sequía. Por ejemplo, el fenómeno suele provocar fuertes lluvias en el sur de Estados Unidos, mientras que en el sudeste asiático puede favorecer condiciones de déficit hídrico más marcadas.
La última vez que se registró El Niño, hace dos años, el planeta experimentó algunas de las temperaturas globales más altas jamás registradas, lo que reforzó el interés científico por comprender mejor estos ciclos climáticos y sus efectos sobre el sistema climático mundial.

La Niña, el fenómeno opuesto
El sistema climático del Pacífico funciona de forma oscilante entre dos fases principales: El Niño y La Niña. Mientras el primero está asociado al calentamiento de las aguas superficiales del océano, La Niña representa el proceso contrario, caracterizado por un enfriamiento de esas mismas aguas.
Durante los episodios de La Niña también se registran cambios significativos en los patrones meteorológicos. En esos períodos suelen presentarse condiciones más frías y lluviosas en el norte de Estados Unidos, mientras que el Atlántico puede experimentar temporadas de huracanes más activas.
Además, distintas regiones de Asia y Australia suelen recibir mayores volúmenes de precipitaciones, lo que en algunos casos puede derivar en inundaciones. Actualmente, los especialistas indican que el sistema climático global se encuentra bajo condiciones de La Niña, aunque de intensidad débil.

Qué dicen los pronósticos para este año
Los centros internacionales de monitoreo climático comenzaron a analizar la evolución de las condiciones oceánicas para determinar si existe la posibilidad de una transición hacia El Niño durante 2026.
Según estimaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), existe una probabilidad moderada de que el fenómeno se desarrolle este año. Los modelos climáticos indican que entre mayo y julio la probabilidad de formación ronda el 40%.
Por su parte, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) proyecta una probabilidad de entre el 50% y el 60% de que El Niño se forme hacia finales del verano. No obstante, los especialistas aclaran que estas previsiones son preliminares y podrían modificarse a medida que se actualicen los datos climáticos.

La importancia de anticipar los eventos climáticos
Para determinar la presencia de estos fenómenos, los científicos analizan las temperaturas promedio del océano en una zona específica del Pacífico ecuatorial, considerada clave para el monitoreo climático.
De acuerdo con los criterios utilizados por la NOAA, El Niño se declara cuando la temperatura del océano supera en al menos 0,5 °C el promedio histórico durante un período prolongado. En cambio, si la temperatura desciende 0,5 °C por debajo de lo normal se considera que se trata de un episodio de La Niña.
Aunque existe incertidumbre sobre la evolución del sistema climático, los especialistas destacan que los pronósticos estacionales son herramientas fundamentales para anticipar posibles impactos.
En ese sentido, Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, explicó que estos sistemas permiten mejorar la preparación frente a eventos extremos. “Los pronósticos estacionales de El Niño y La Niña ayudan a evitar millones de dólares en pérdidas económicas y son herramientas esenciales de planificación para sectores sensibles al clima como la agricultura, la energía, la salud y la gestión del agua”, afirmó.
