Arranca una nueva etapa del dólar: el mercado pone a prueba el sistema de bandas móviles
Con el inicio del año, el mercado cambiario argentino comenzó a operar bajo un nuevo esquema de flotación administrada, que redefine la forma en que se ajustan los límites del dólar oficial. La medida marca un giro relevante en la estrategia económica, ya que el Banco Central busca mayor margen para acumular reservas y estabilizar el frente externo en un contexto donde las expectativas inflacionarias siguen siendo determinantes.
En el primer día hábil, analistas e inversores observaron con atención el debut del régimen, evaluando cómo impactará en la demanda de divisas, en los activos en pesos y en la intervención oficial. El cambio llega tras un cierre de año con volatilidad cambiaria y señales mixtas sobre la sostenibilidad del esquema previo, lo que eleva la importancia de las primeras señales que emita el mercado.
Cómo operan las nuevas bandas de flotación
El principal cambio del sistema es que el techo y el piso del dólar dejan de ajustarse a una tasa fija mensual del 1%. A partir de ahora, ambos límites se actualizarán cada mes según la inflación informada por el INDEC, pero con un rezago de dos meses, lo que introduce una nueva dinámica entre precios y tipo de cambio.
Este mecanismo busca otorgar mayor flexibilidad operativa al Banco Central, que podrá intervenir incluso cuando el dólar no se acerque al piso de la banda. La autoridad monetaria anunció un programa gradual de compras de divisas, limitado al 5% del volumen diario operado, con el objetivo de evitar distorsiones bruscas y reforzar las reservas internacionales.

Reservas, pesos y señales al mercado
Uno de los ejes centrales del nuevo régimen es la acumulación de reservas como prioridad macroeconómica. Según los lineamientos oficiales, la expansión de la base monetaria acompañará la demanda de dinero y se canalizará principalmente a través de compras de dólares, proyectando un aumento de la base desde el 4,2% al 4,8% del PBI hacia 2026.
Especialistas destacan que el esquema intenta corregir una de las principales debilidades del programa económico. El anuncio previo de compras de dólar busca mejorar la percepción de riesgo del país y generar un marco más previsible para la deuda soberana, aunque sin abandonar del todo la meta de desinflación.
Expectativas de inversores y oportunidades financieras
Desde el mercado financiero, el nuevo esquema también redefine estrategias de inversión. Analistas señalan que los instrumentos ajustados por inflación (CER) ganan protagonismo, ya que las bandas cambiarias se moverán en función de datos inflacionarios pasados y la baja de la inflación podría ser más lenta de lo previsto.

En paralelo, informes privados subrayan que el régimen permite una intervención más activa del Banco Central para amortiguar el ciclo económico, aun a costa de resignar una desinflación más rápida. Esta mayor presencia oficial podría contribuir a destrabar la actividad, aunque el carácter transitorio del esquema sigue siendo una señal de cautela para el largo plazo.
Riesgos, límites y dudas pendientes
Pese a las ventajas señaladas, los analistas advierten que el sistema no está exento de riesgos. La indexación de las bandas del dólar a la inflación pasada introduce tensiones en la formación de tasas de interés, dificultando la previsibilidad para quienes buscan posicionarse a tasa fija y extendiendo la volatilidad en la curva de rendimientos.
Otro punto crítico es que el esquema no contempla aún el levantamiento del cepo para personas jurídicas, una restricción clave para la inversión. Además, la acumulación de reservas dependerá de la aparición de oferta genuina de dólares, lo que implica un proceso necesariamente gradual y condicionado al desempeño del sector externo.

Un inicio bajo observación
En este arranque de año, el consenso del mercado es prudente. No se esperan cambios inmediatos en la cotización del dólar, que podría mantenerse por debajo del techo de la banda, permitiendo compras oficiales más ordenadas y sin sobresaltos.
Sin embargo, el verdadero desafío será sostener un esquema creíble en el tiempo. La transición hacia un régimen cambiario y monetario permanente aparece como una condición clave para ampliar el horizonte de planificación, absorber shocks externos y sentar bases más sólidas para la estabilidad económica. El nuevo sistema ya está en marcha; ahora, el mercado espera resultados.
