30 años de cultivos transgénicos: Argentina, líder en innovación agrícola
Este 2026 se cumplen 30 años de cultivos transgénicos en Argentina, un hito que marcó el inicio de una transformación tecnológica sin precedentes en el agro nacional. Según datos de ArgenBio, el Consejo Argentino para la Información y el Desarrollo de la Biotecnología, el país ha consolidado un modelo de adopción tecnológica que lo coloca entre los líderes mundiales en cultivos genéticamente modificados (GM).
Actualmente, la superficie destinada a cultivos transgénicos alcanza los 24 millones de hectáreas, lo que representa entre el 12% y 13% del total mundial de tierras sembradas con semillas modificadas. Este volumen posiciona a Argentina como el tercer productor global, solo detrás de Estados Unidos y Brasil, y subraya la importancia estratégica del sector para la economía nacional y el comercio internacional.
Soja, maíz y algodón: los pilares de la agricultura transgénica
La distribución de cultivos transgénicos en Argentina está claramente dominada por la soja, que ocupa el 66,84% de la superficie total, seguida por el maíz con 30,48% y el algodón con 2,45%. En menor medida, se encuentran el trigo (0,49%) y la alfalfa (0,04%). Estos datos reflejan la concentración de la biotecnología agrícola en los cultivos de mayor impacto económico y exportador del país.
La penetración de los transgénicos es prácticamente total en los principales cultivos. Según ArgenBio, el 99,9% de la soja, el 99% del maíz y el 100% del algodón se siembran con semillas genéticamente modificadas. Esta adopción masiva ha permitido que los productos derivados de estos cultivos representen más del 63 % del valor de las agroexportaciones argentinas, llegando a 114 países en todo el mundo.

Historia de un cambio tecnológico
El primer cultivo transgénico aprobado en Argentina fue la soja tolerante a glifosato, autorizada y sembrada por primera vez en 1996. Desde entonces, la superficie cultivada con semillas GM ha crecido de manera constante, consolidando una cultura de innovación tecnológica en el sector agropecuario. La experiencia acumulada en estas tres décadas ha generado confianza entre los productores y ha fortalecido la investigación científica nacional.
El desarrollo local de biotecnología agrícola también ha avanzado. Entre los proyectos más destacados de cultivos transgénicos se encuentran la papa resistente a virus (PVY), la soja y el trigo tolerantes a sequía (HB4), el algodón resistente al picudo y la caña de azúcar tolerante a herbicidas. Estos desarrollos no solo mejoran la productividad, sino que buscan enfrentar los desafíos del cambio climático y fortalecer la seguridad alimentaria.

Una adopción tecnológica sin precedentes
La tasa de adopción de cultivos transgénicos en Argentina es de las más altas del mundo. Analistas de Biotec-Latam señalan que la incorporación de estas semillas supera incluso la adopción histórica de híbridos en el maíz, un cultivo que ha sido tradicionalmente un referente en innovación agrícola. Este fenómeno refleja la confianza de los agricultores en las ventajas económicas y agronómicas que ofrecen los transgénicos.
El impacto económico es notable. La combinación de productividad, eficiencia y exportaciones ha consolidado los cultivos transgénicos como un motor central de la economía agroindustrial argentina. La biotecnología no solo impulsa la competitividad internacional, sino que también permite a los productores optimizar el uso de recursos, reducir pérdidas por plagas y enfermedades y adaptarse a condiciones climáticas variables.

Perspectivas a futuro
El camino de la biotecnología agrícola en Argentina sigue en expansión. Los desafíos incluyen la regulación responsable, la educación de productores y consumidores, y la investigación continua para desarrollar cultivos transgénicos más resilientes a enfermedades y sequías. La combinación de innovación tecnológica y políticas públicas claras será clave para mantener la posición de liderazgo del país.
En definitiva, 30 años después de la aprobación del primer transgénico, Argentina se consolida como un referente global. Con 24 millones de hectáreas sembradas y una adopción tecnológica récord, el país demuestra cómo la ciencia aplicada al campo puede transformar un sector estratégico, garantizar competitividad y abrir nuevas oportunidades en los mercados internacionales.
