Clima: enero cierra con sequía persistente y temperaturas por debajo de lo normal en el centro del país
El tramo final de enero presenta un clima complejo en gran parte de Argentina, con lluvias por debajo de lo normal y temperaturas que se mantienen inferiores a los valores promedio históricos, generando preocupación en el sector agropecuario y en las regiones productivas del país.
Según el análisis del modelo del Centro Europeo, predominan en el clima condiciones de déficit de precipitaciones, especialmente en la franja central y noreste argentino. Leonardo De Benedictis, especialista de Meteored, señala de acuerdo a Revista Chacra que este patrón seco se ha extendido por varios días consecutivos, limitando la recarga de humedad en los suelos y afectando directamente a los cultivos de verano, en etapas clave de desarrollo.
A pesar de la falta de lluvias, el período se caracteriza por temperaturas por debajo de lo normal para la época, lo que atenúa parcialmente el impacto de la sequía al reducir la demanda atmosférica de agua. Sin embargo, la combinación de déficit hídrico y condiciones cálidas o secas prolongadas podría derivar en un estrés significativo para los cultivos en las próximas semanas si no se registran precipitaciones relevantes.

Déficit hídrico marcado en el centro y noreste del país
Entre el 19 y el 25 de enero, la mayor parte de la región Pampeana, el Litoral y el noreste argentino presentó acumulados de lluvia muy inferiores a los promedios históricos. Provincias como Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes registraron precipitaciones escasas o prácticamente nulas, mientras que sectores de Córdoba y Santiago del Estero también se vieron afectados por la falta de eventos significativos.
Este patrón del clima no se limita a Argentina: Uruguay, el sur de Brasil y gran parte de Paraguay experimentaron condiciones similares, evidenciando un fenómeno de escala regional que dificulta el desarrollo de sistemas precipitantes en amplias zonas del Cono Sur. La situación ha generado alertas en el sector agroindustrial, que monitorea con atención el impacto en la humedad de los suelos y la evolución de los cultivos.

Exceso de lluvias en el NOA y alivio térmico
En contraste, el extremo noroeste argentino mantiene un clima diferente, con provincias como Jujuy, Salta, Tucumán y sectores de Catamarca registrando lluvias por encima de lo habitual. Estas precipitaciones reflejan la circulación típica de verano en la región y generan una disparidad espacial notable en la distribución del agua a nivel nacional: mientras el centro y noreste enfrentan restricciones hídricas, el NOA mantiene niveles de humedad adecuados o incluso superiores a lo normal.
Por otra parte, el comportamiento térmico generalizado por debajo de los valores medios contribuye a reducir el estrés por calor sobre los cultivos, lo que representa un factor atenuante frente a la escasez de lluvias, particularmente en zonas donde la humedad del suelo comienza a ser limitada.

Perspectivas para fines de enero y comienzos de febrero
De cara a la última semana de enero y el inicio de febrero, los modelos meteorológicos anticipan una recuperación parcial de las precipitaciones en sectores del centro-oeste del país. Sin embargo, esta mejora del clima sería insuficiente para compensar el déficit acumulado durante el mes, y el centro argentino continuaría con lluvias escasas, prolongando un escenario crítico para los cultivos en fases sensibles de desarrollo.
El balance entre lluvias deficitarias y temperaturas inferiores a lo normal será determinante para la campaña agrícola, y la evolución de febrero será clave para definir si el estrés hídrico se intensifica o si se logra una recuperación gradual en las regiones más afectadas. Los productores y técnicos del sector seguirán de cerca los reportes diarios para ajustar decisiones de riego, manejo de suelos y planificación de actividades en los próximos meses.
En conclusión, el cierre de enero evidencia un escenario meteorológico desigual en Argentina, con sequías persistentes en el centro y noreste, precipitaciones abundantes en el NOA y temperaturas por debajo de lo habitual que moderan parcialmente el impacto del déficit hídrico. La atención estará puesta en la evolución de febrero, ya que será decisiva para la salud de los cultivos y la proyección de la producción agrícola nacional.
