Chicharrita: alivio en el centro maicero y alerta focalizada en el norte del país


El 33º informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, conocido como chicharrita, revela un panorama mixto para los cultivos de maíz en Argentina. Mientras las principales zonas maiceras presentan una casi total ausencia del vector, que genera optimismo de cara a los cultivos tardíos, las regiones endémicas del norte exigen vigilancia constante y medidas preventivas debido a cambios en las poblaciones y aumento de infectividad.

El informe subraya que en el centro maicero, donde se concentra gran parte de la producción de maíz temprano y tardío, los registros de chicharrita son mínimos, un dato alentador para productores y técnicos. Por el contrario, en zonas endémicas del NOA y NEA, los especialistas recomiendan extremar el monitoreo antes de la siembra tardía, ya que la dinámica del vector y su potencial de transmisión de Spiroplasma pueden generar problemas si no se actúa a tiempo.

Centro maicero: un inicio de campaña prometedor

El estudio indica que en el centro del país, el vector prácticamente desapareció de los maíces tempranos, lo que disminuye el riesgo de daños significativos y de propagación de enfermedades asociadas. En localidades del Litoral se observó un ligero incremento de chicharritas, pero los cultivos mayormente se encuentran en estadíos reproductivos, etapa en la que son menos susceptibles al impacto del vector.

Para los productores del centro maicero, este escenario representa una oportunidad de iniciar el año agrícola con menor presión sanitaria, permitiendo concentrar esfuerzos en la nutrición, riego y manejo general de los lotes, sin la preocupación inmediata del control químico de la chicharrita.

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Norte endémico: seguimiento y anticipación

En contraste, las provincias del NEA y NOA muestran una situación más compleja. Según el informe, en el NOA, el 56% de las localidades monitoreadas no presentó presencia de chicharritas, mientras que el 27% registró capturas mínimas de 1 a 4 adultos por trampa. Sin embargo, persisten focos neurálgicos, especialmente en Alto Verde, Tucumán, donde la población de Dalbulus maidis podría crecer con la siembra de maíz tardío.

El informe advierte que, por ahora, solo el 13% de las trampas en NOA se encuentra sobre maíz, porcentaje que se incrementará conforme avance la siembra, lo que podría modificar los registros y exigir intervenciones oportunas en las próximas semanas. Esta información es clave para que productores y técnicos ajusten sus estrategias de monitoreo y prevención.

En el NEA, el 51% de las localidades no detectó chicharritas y el 19% presentó niveles mínimos, pero existen variaciones en categorías intermedias y altas, lo que indica un recambio poblacional. Actualmente, el 45% de las trampas se ubica sobre maíz, con expectativa de aumento, lo que podría cambiar la dinámica del vector y su impacto en los cultivos.

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Litoral: leves incrementos sobre maíces avanzados

En la región del Litoral, donde el 97% de las trampas están sobre cultivos de maíz, el 43% de las localidades no registró chicharritas, mientras que el 20% mostró niveles bajos de presencia. Sin embargo, se detectaron incrementos puntuales en la categoría intermedia (5 a 20 adultos por trampa) en algunas zonas de Corrientes y Entre Ríos, principalmente sobre maíces ya avanzados en su etapa reproductiva, donde el impacto del vector es menor.

Este panorama indica que, aunque la situación general es favorable, la vigilancia sigue siendo necesaria, especialmente en lotes que puedan convertirse en reservorios del vector para futuras campañas.

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Monitoreo constante: clave para el control de la chicharrita

El informe concluye que, con un centro maicero que comienza la temporada con un escenario alentador y un norte con potencial riesgo, el monitoreo debe mantenerse durante todo el año. La combinación de trampas y observación directa de cultivos permite anticipar la dinámica poblacional y tomar medidas preventivas de manera oportuna.

Para los expertos, la clave está en mantener la atención tanto en áreas de maíz temprano como en los territorios de siembra tardía, garantizando que la chicharrita no se convierta en un problema adicional en una campaña ya condicionada por fenómenos climáticos extremos y fluctuaciones productivas.