Nitrógeno a medida: una estrategia que impulsa el rendimiento de la caña de azúcar en Tucumán


Un trabajo conjunto entre el INTA Famaillá, empresas privadas y el Grupo CREA Cañaverales aportó nueva evidencia sobre el impacto de la fertilización nitrogenada con dosis variables en la producción de caña de azúcar. Los resultados preliminares, obtenidos tras dos campañas consecutivas, muestran que ajustar el uso de fertilizantes según la calidad ambiental del lote permite aumentar rendimientos y optimizar costos, marcando un camino hacia una producción más eficiente y sustentable.

El estudio se desarrolló en cañaverales de Tucumán, una de las principales regiones productoras de caña de azúcar del país, y se centró en analizar cómo responde el cultivo a distintas cantidades de nitrógeno en ambientes de baja, media y alta calidad productiva. La conclusión general fue clara: la variabilidad dentro de los lotes no solo existe, sino que puede aprovecharse estratégicamente para mejorar la rentabilidad.

Un manejo adaptado a cada ambiente productivo

La investigación se basó en el principio de adaptar el manejo del cultivo a las diferencias ambientales dentro de un mismo lote, una práctica cada vez más utilizada en la agricultura de precisión. En este caso, los técnicos identificaron zonas con distinto potencial productivo y evaluaron la respuesta de la caña de azúcar a diferentes dosis de fertilización nitrogenada.

Según explicaron desde el equipo del INTA Famaillá, no todos los ambientes responden de la misma manera al agregado de fertilizantes. Mientras que en sectores con mayor fertilidad el cultivo logra aprovechar mejor el nitrógeno aplicado, en áreas más limitantes entran en juego otros factores que restringen el crecimiento, más allá del aporte nutricional.

Caña de Azúcar

Resultados de la primera campaña: respuestas diferenciadas

Durante la primera campaña evaluada, se aplicaron cinco dosis diferentes de nitrógeno, utilizando urea como fuente fertilizante. Los resultados mostraron que, en los ambientes de calidad media y alta, las dosis más elevadas permitieron incrementar el rendimiento de la caña de azúcar en un 10,2 % respecto de la dosis estándar utilizada habitualmente por la empresa productora.

En contraste, cuando se aplicaron dosis más bajas, la producción solo cayó un 3,5 % en comparación con el testigo. Este dato fue clave para los investigadores, ya que evidenció que reducir fertilizante en determinadas zonas no implica necesariamente una pérdida significativa de rendimiento, lo que abre la puerta a un uso más racional de los insumos.

Limitaciones en los ambientes de menor calidad

El comportamiento fue distinto en los sectores de baja calidad ambiental, donde el aumento de las dosis de nitrógeno no generó mejoras relevantes en la producción. Allí, los especialistas detectaron que factores como el pH elevado del suelo y problemas estructurales estarían actuando como principales limitantes del desarrollo de la caña de azúcar.

Caña de Azúcar

Estos resultados reforzaron la idea de que la fertilización no es una solución aislada, sino que debe integrarse a un diagnóstico más amplio del suelo. En estos ambientes, aplicar más nitrógeno no solo resulta ineficiente, sino que también puede implicar un costo innecesario para el productor.

Segunda campaña: ajustes y mayores incrementos de rendimiento

Para la campaña 2024-2025, el equipo ajustó el esquema de trabajo y redujo a tres las dosis evaluadas, siempre con urea como fuente de nitrógeno. La estrategia se centró en incrementar la oferta del nutriente en las zonas con mayor potencial productivo, basándose en los aprendizajes del primer año.

Los resultados fueron contundentes. En los ambientes de calidad media, las dosis más altas lograron un aumento del 23% en el rendimiento respecto de la dosis más baja. En los sectores de alta calidad, la respuesta fue aún más marcada, con un incremento del 36,8% en la producción de caña de azúcar, confirmando el impacto positivo del manejo diferenciado.

Caña de Azúcar

Eficiencia, rentabilidad y un nuevo enfoque productivo

Roberto Sopena, especialista del Grupo de Recursos Naturales del INTA Famaillá, sintetizó el espíritu del trabajo al señalar que “no se trata simplemente de usar menos fertilizante, sino de reasignarlo de manera más eficiente”. Aplicar más donde la caña de azúcar lo aprovecha y reducir donde la respuesta es baja permite maximizar retornos y mejorar la sostenibilidad del sistema.

Del estudio también participaron los técnicos del INTA Gustavo Martos, Héctor Sánchez y Leandro Bustos, junto con las empresas Geoagro, COU S.A. y el Grupo CREA Cañaverales. La experiencia deja en claro que la fertilización con dosis variables es una herramienta clave para el futuro del cultivo de caña de azúcar, en un contexto donde la eficiencia en el uso de insumos resulta cada vez más determinante.