Bioetanol, el protagonista de la agenda estratégica del gobierno para 2026
En medio del debate sobre cómo reducir la dependencia energética y fortalecer el perfil productivo del país, el bioetanol vuelve a posicionarse como una pieza estratégica. Así lo planteó Jorge Feijoo, presidente del Centro Azucarero Argentino, al analizar el presente del sector y advertir que el actual marco regulatorio está “frenando nuevas inversiones”.
Hoy, las naftas en la Argentina contienen un 12% de bioetanol, elaborado a partir de caña de azúcar y maíz. Ese porcentaje —establecido por ley— permitió consolidar una industria que, desde la sanción del régimen de biocombustibles en 2006, sumó inversiones y desarrolló capacidad instalada en distintas regiones del país.
“Argentina tiene un potencial enorme para producir combustibles renovables, porque es un país agrícola y agroindustrial”, sostuvo Feijoo en diálogo con Revista Chacra. En su mirada, el bioetanol no solo sustituye combustibles fósiles importados, sino que también mejora la calidad de las naftas y aporta competitividad al sistema energético.
Ahorro de divisas y mejora técnica
Uno de los ejes del planteo es el impacto en la balanza comercial. Según explicó, en 2025 la Argentina importó naftas por más de 600 millones de dólares. Elevar el corte obligatorio del 12% al 15% permitiría ahorrar aproximadamente la mitad de ese monto, es decir, cerca de 300 millones de dólares anuales.

El bioetanol, además, cumple un rol técnico clave: aporta octanaje de forma eficiente. “El etanol tiene 125 octanos y permite que las naftas argentinas alcancen los 95 y 97 octanos exigidos por la especificación técnica, sin necesidad de importar aditivos caros y contaminantes”, detalló el dirigente.
En un escenario de restricción de divisas y necesidad de mejorar la calidad de los combustibles, el sector sostiene que el aumento del corte es una decisión de bajo costo fiscal y alto impacto productivo.
Comparación regional
El contraste con países vecinos refuerza el argumento. Mientras la Argentina mantiene un corte del 12%, Paraguay utiliza un 25% y Brasil combina un corte obligatorio del 30% con un parque automotor mayoritariamente adaptado a motores flex. Esto último eleva el uso efectivo de etanol en Brasil a un equivalente cercano al 50% del total de naftas consumidas.
Para Feijoo, esa brecha muestra que el país tiene margen para avanzar sin comprometer el abastecimiento. “Estamos en condiciones de cubrir el mercado interno”, aseguró, y remarcó que la industria ya cuenta con capacidad instalada suficiente para acompañar un incremento en el corte.

Valor agregado en origen
Otro punto central es el impacto regional. El bioetanol se produce en provincias azucareras del NOA y en zonas maiceras del centro del país, generando empleo e integración industrial en origen. Actualmente, solo el 3,5% del maíz argentino se destina a la producción de alcohol, lo que deja un amplio margen para agregar valor.
Desde el sector destacan que la expansión del bioetanol no implica competir con la exportación de granos, sino diversificar la matriz de uso y fortalecer cadenas agroindustriales. En el caso de la caña de azúcar, representa además una herramienta clave para estabilizar ingresos y sostener economías regionales.
El límite normativo
Pese a ese potencial, el presidente del Centro Azucarero Argentino advirtió que la ley vigente se encuentra “agotada” y que su diseño actual restringe el desarrollo. En particular, cuestionó la falta de señales de largo plazo que incentiven nuevas inversiones y modernización tecnológica.
“Necesitamos un esquema que promueva el desarrollo federal y la competitividad”, afirmó. En su visión, avanzar hacia una mayor desregulación y previsibilidad permitiría que el sector amplíe capacidad y acompañe una eventual transición energética.

Un dato reciente refuerza esa expectativa: la habilitación de motores flex en el país. Sin embargo, Feijoo subrayó que el paso indispensable sigue siendo elevar el corte obligatorio. “Aumentar del 12 al 15% es clave para aprovechar la capacidad instalada y consolidar una matriz energética más eficiente y competitiva”, concluyó.
En un contexto de redefinición del modelo energético, el bioetanol se presenta así como una alternativa concreta, con impacto en divisas, calidad de combustibles y desarrollo regional. La discusión, ahora, pasa por si la política acompañará ese potencial con un nuevo marco normativo que permita dar el siguiente paso.
