En detalles: los beneficios para el agro del acuerdo Unión Europea–Mercosur
El agro comenzó el 2026 con una muy buena noticia. La aprobación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur por parte de la Comisión Europea marca un hito largamente esperado para la Argentina y, en particular, para su principal complejo exportador: el agroindustrial. En un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, disputas comerciales y retrocesos en el multilateralismo, el tratado vuelve a colocar a la región en el mapa de los grandes flujos de comercio internacional.
La implicancia del nuevo acuerdo para el agro
Un informe elaborado por la Fundación del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, analiza en detalle el alcance del acuerdo y enumera diez claves que permiten dimensionar su impacto potencial sobre la producción y las exportaciones argentinas.
El primer punto central es la dimensión del mercado europeo. La Unión Europea es la tercera economía del mundo, con unos 450 millones de habitantes y un PBI per cápita cercano a los 43.000 dólares. Solo en 2024 importó productos agroindustriales por alrededor de 220.000 millones de dólares. De ese total, la participación argentina fue apenas del 3%, lo que deja en evidencia el amplio margen de crecimiento que se abre con un acceso más competitivo.

En segundo lugar aparece el acceso preferencial. El acuerdo le otorga al Mercosur condiciones arancelarias y no arancelarias similares a las que ya disfrutan competidores directos como Canadá, México, Chile, Colombia o Ucrania. Para la agroindustria argentina, esto implica dejar de competir en desventaja en uno de los mercados más exigentes y de mayor poder adquisitivo del mundo.
Desde una mirada más estratégica, el INAI destaca que el tratado funciona como un ancla de estabilidad para las políticas nacionales y contribuye a modernizar el marco normativo del Mercosur. En la práctica, esto no solo ordena el vínculo con la UE, sino que también facilita futuras negociaciones con otros bloques y países.
Uno de los puntos más relevantes para el sector productivo es el capítulo de beneficios arancelarios. La UE eliminará aranceles para el 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur. De ese total, el 84% tendrá eliminación completa, mientras que el 15,5% accederá mediante cuotas o preferencias parciales.

Dentro de las eliminaciones inmediatas —que abarcan cerca del 70% de las exportaciones agroindustriales— se incluyen productos clave como pesca (merluza, vieiras y calamares), porotos y harina de soja, maní, frutas como manzanas, peras y uvas, frutos secos, aceites vegetales de uso industrial, despojos y menudencias bovinas, porcinas y ovinas, grasas y hasta semen bovino.
Otro 14% de los productos accederá a una eliminación gradual de aranceles, en plazos de entre 4 y 10 años. En este grupo aparecen la harina de maíz, aceites vegetales, preparaciones alimenticias, cítricos como limones y naranjas, frutillas, manteca, biodiésel, hortalizas, mermeladas, arroz partido, alimentos para mascotas, conservas de pescado, golosinas y vinos. Se trata de cadenas con fuerte potencial de agregado de valor.
El capítulo más sensible es el de los productos con cuotas, que representan el 15,5% de las exportaciones. Allí se incluyen la carne bovina (100.000 toneladas), carne aviar (180.000 toneladas), carne porcina (25.000 toneladas), maíz y sorgo (1 millón de toneladas), leche en polvo (10.000 toneladas), quesos (30.000 toneladas) y etanol (650.000 toneladas), entre otros. Las cuotas serán compartidas por todo el Mercosur y requerirán mecanismos internos de asignación.

Un incentivo clave es que el primer país del Mercosur que ratifique el acuerdo podrá utilizar el 100% de las cuotas disponibles hacia la UE hasta que los demás socios completen el proceso, lo que podría darle a la Argentina una ventaja inicial si avanza con rapidez.
En materia regulatoria, el acuerdo prohíbe licencias y restricciones discrecionales como las DJAI o los ROE. Las licencias deberán ser automáticas, transparentes y neutrales, y no podrán aplicarse prohibiciones cuantitativas, salvo las excepciones previstas por la OMC.
Finalmente, el informe aborda el tema de los derechos de exportación. La Argentina se compromete a eliminarlos para las ventas a la UE a partir del tercer año de vigencia del acuerdo. Quedan exceptuados productos como soja, hidrocarburos, corcho, papel y chatarra. En el caso de la soja, el tope será del 18% desde el año cinco, con una reducción gradual hasta el 14% en el año diez, y solo podrían restablecerse retenciones en situaciones fiscales excepcionales.

En conjunto, el acuerdo UE–Mercosur aparece como una oportunidad estructural para el agro argentino: amplía mercados, mejora competitividad y brinda previsibilidad. El desafío, advierten desde el INAI, será aprovecharlo con reglas claras, inversión y una estrategia exportadora de largo plazo.
